Bendita democracia:
algunos hacen todo lo que quieren y otros lo
que pueden
Nos agarró la
chuzadera
No es una
epidemia de gripe, es la enfermedad de moda
en Colombia y su efecto es devastador porque
lo que usted diga queda grabado y lo
escuchan… en todos lados.
Nadie pensó que la tardía moda de la
chuzadera llegara con tanta fuerza, cuando
varios de los protagonistas del caso
Watergate están bajo tierra, la Gestapo
lleva disuelta 64 años y medio mundo conoce
con detalle el ingenio desplegado por la
KGB, métodos y trucos, para espiar al
enemigo y acabarlo… Y qué decir de la
injerencia de la CIA en |
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otros solares, de intromisión
en asuntos de otros estados y más.
No se trata de una práctica novedosa en el
país, porque ya hay sanciones contra quienes
de manera ilegal grabaron conversaciones a
contradictores políticos y luego las
utilizaron con toda clase de fines. Tampoco
hay que olvidar un hecho más reciente: el
proceso 8.000, que dejó vivitos y colendo a
los mismos que controlan la política
regional a través de sus allegados.
Por cuenta de la muerte de la
confidencialidad, los colombianos vemos de
todo: denuncias que concluyeron en pérdidas
de libertades pero también burdos montajes
para liberarse de la justicia. Y esto no lo
hacen ignorantes de los alcances que pueden
tener las grabaciones sino personajazos de
la vida nacional, gente que exhibe con
orgullo diplomas de universidades nacionales
y extranjeras y que se supone sabe de leyes
y pero también conoce que aquí no pasa nada.
Basta mirar las listas de aspirantes a
corporaciones públicas. Hay padres,
hermanos, hijos y parientes de condenados
por una amplia gama de faltas y alianzas con
personajes a quienes nunca debieron
acercarse.
El poder de la grabadora
Con este juego de grabar a los demás y, de
paso, tener cómo chantajearlos, queda la
sensación de que aquí la justicia no se
necesita, porque vale menos una grabadora y
es más efectiva a la hora de eliminar al que
se interponga en el camino… Se reparten
grabaciones por doquier y con ello se
denuncian delitos, se neutralizan
contradictores o se matan la honra y el buen
nombre de otros. Aquí parecen sobrar los
estrados judiciales, la investigación
judicial y las denuncias periodísticas,
porque las grabadoras lo hacen todo.
Desde el proceso 8.000 hasta hoy hemos visto
varías caídas. Muchos de los muertos
insepultos dejados por la entrada de capital
de la mafia a la campaña de entonces hoy
gozan de un poder inmenso y de
representación pública en sus cónyuges o
descendientes. No están claras las
relaciones de unos con los constructores de
una nueva patria ni del despojo a otros
colombianos. Y tampoco las cálidas
relaciones con DMG… Porque los caballeros
repiten.
Muy buena literatura
Miremos atrás. En apogeo el proceso 8.000 se
violó la reserva del sumario casi a diario.
Aparecían publicados los testimonios de los
declarantes ante la justicia en los medios y
eso alimentaba el morbo de unos y
languidecía la esperanza de vivir en un país
mejor en los demás. Se compraron y vendieron
expedientes, se filtraron documentos y
algunos ganaron dinero vendiendo información
basada en ellos. En materia de principios y
silencios de orden legal, no hemos avanzado.
Se repiten los mismos hechos y las feas
costumbres y se venden como pan caliente.
Buena literatura sí hemos tenido:
asesinatos, muertes, descuartizamientos,
desapariciones, secuestros, terrorismo,
tráfico de armas, ejemplos que a su vez
multiplican la televisión y el cine como si
ya no estuviéramos hastiados de tanta m…iseria.
Con ese recorrido se puede celebrar
anualmente en Colombia el concurso de la
mente sana.
Una larga historia
Una flamante ex presidenta del Congreso, que
cuenta con apoyo de granados políticos, no
se detuvo a pensar en que hería de muerte la
dignidad, ya lastimada por cierto, del poder
legislativo, y grabó, como cualquier
paisano, a un interlocutor. No pensó en que
podía vencerlo con el poder de la ley y con
la majestad de la justicia.
La chuzadera es hoy la diversión favorita de
los colombianos.
También grabaciones ilícitas sacaron del
teatro de operaciones a doce generales.
Antes de que esto ocurriera, se habían
conocido otras grabaciones que comprometían
a los detenidos jefes paramilitares porque
seguían delinquiendo desde la cárcel y ello
había desatado una gran polémica nacional.
A una grabación le siguió otra, sabios
interpretarán.
Qué placer el de la chuzadera.
Y antes, el rato amargo fue para el
magistrado auxiliar e investigador de la
parapolítica, Iván Velásquez Gómez, a quien
se le acusó de ofrecer gabelas a
delincuentes que acusaran al Jefe del
Estado, situación que ya quedó superada para
el jurista, quien en todo momento contó con
apoyo de la Corte Suprema de Justicia.
Chuzan el alma
Pero la chuzadera ya está dentro del alma
nacional. Legales o ilegales, se destaparon
grabaciones que comprometían al jefe de
fiscalías en Antioquia, Guillermo León
Valencia, y a otros funcionarios de esa
oficina, con Don Mario, dueño de ejércitos
privados del centro del país. Y también
periodistas sufrieron los efectos de esa
epidemia.
Y luego, un joven captador de dineros del
público, apalancado por políticos, familias
poderosas, modelos y ansiosos de figuración,
puso a tambalear a funcionarios públicos,
entre ellos al personero de Bogotá, quien se
supone hizo lobby para relacionarlo con la
campaña del hoy alcalde Samuel Moreno. Pero
ese no es el caso más grave, investigan a
quienes no sólo invirtieron capital en DMG
para multiplicar pronto su riqueza y usaron
sus influencias para abrirle puertas y
posibilidades en Colombia y en el exterior a
David Murcia Guzmán.
Se confiaron y hoy las autoridades
investigan cómo llegaron fuertes sumas de
dinero a bancos norteamericanos.
Y lo que falta
La chuzadera tiene facetas inesperadas.
Quienes la impusieron creyeron tener el
antídoto. Es más. Pero todo indica que no es
verdad porque las maquinitas no distinguen
conversaciones tipo A y B, ellas graban en
las cuatro direcciones.
Es probable, entonces, que más temprano que
tarde conozcamos la otra cara de la
historia.
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La salida de
la dignidad
Francisco Rojas Birry parece ser
el único indio negado de malicia. Esa habilidad
que todos les reconocen no es con la que alardea
este hombre considerado “uno de los indígenas
con mayor trayectoria política en el país”. Fue
delegado a la Asamblea Nacional Constituyente
por la Onic. Más tarde al Congresito. Llegó al
Concejo de Bogotá, a la Cámara de Representantes
y al Senado y no aprendió a evadir la tentación,
y hoy lo tiene en problemas supuestamente por
tener nexos con David Murcia.
En un escenario donde se entrecruzan tantas
malicias –multiplicadores de riqueza,
constructores de una nueva patria, ejércitos del
pueblo, fundadores de organizaciones,
corporaciones y asociaciones de todo pelambre-
nadie le creería si dijera que no sabe que aquí
graban a todo el mundo.
Rojas Birry no es un principiante. De Catrú, en
el Alto Baudó donde nació en 1960, pasó a la
Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín
de la que egresó como abogado. Mientras se llega
a la verdad, es grave la situación porque un
millón de personas apoyó al alcalde Samuel
Moreno, a quien más afecta la actitud del
personero, porque fue su impulsor y promotor.
Cierto que el Personero tiene que aclarar sus
posibles nexos con DMG y la adquisición de
bienes que se supone fueron con dineros de la
captadora de recursos. Como la situación se
vuelve más compleja, no le queda otro camino que
renunciar. Tomar la salida de la dignidad para
que la justicia lo investigue.
Su decisión de seguir no es categórica. Minuto a
minuto se debilita porque su relación con el
próspero empresario, hoy tras las rejas, David
Murcia, afecta gravemente a Bogotá, a la
Personería y al Polo Democrático.
Su permanencia en la Personería muestra grietas
en la unidad del Polo Democrático, porque pese a
las peticiones de retiro, Rojas no da el paso.
Con la salida de la dignidad, el Personero puede
ir a defenderse y a atender los requerimientos
de la justicia… El tiempo apremia y aparecen más
jueces gratuitos que piden su condena. Se
olvidan que lo cobija la presunción de
inocencia.
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