Bogotá D.C.,  abril de 2009

Quienes somos | Contáctenos   

 Inicio | Editorial | La ciudad | Cultura | Guía | Opinión | Tecnología | Cartas de los lectores | Ediciones anteriores |
 
Bendita democracia: algunos hacen todo lo que quieren y otros lo que pueden
Nos agarró la chuzadera
No es una epidemia de gripe, es la enfermedad de moda en Colombia y su efecto es devastador porque lo que usted diga queda grabado y lo escuchan… en todos lados.

Nadie pensó que la tardía moda de la chuzadera llegara con tanta fuerza, cuando varios de los protagonistas del caso Watergate están bajo tierra, la Gestapo lleva disuelta 64 años y medio mundo conoce con detalle el ingenio desplegado por la KGB, métodos y trucos, para espiar al enemigo y acabarlo… Y qué decir de la injerencia de la CIA en

otros solares, de intromisión en asuntos de otros estados y más.
No se trata de una práctica novedosa en el país, porque ya hay sanciones contra quienes de manera ilegal grabaron conversaciones a contradictores políticos y luego las utilizaron con toda clase de fines. Tampoco hay que olvidar un hecho más reciente: el proceso 8.000, que dejó vivitos y colendo a los mismos que controlan la política regional a través de sus allegados.

Por cuenta de la muerte de la confidencialidad, los colombianos vemos de todo: denuncias que concluyeron en pérdidas de libertades pero también burdos montajes para liberarse de la justicia. Y esto no lo hacen ignorantes de los alcances que pueden tener las grabaciones sino personajazos de la vida nacional, gente que exhibe con orgullo diplomas de universidades nacionales y extranjeras y que se supone sabe de leyes y pero también conoce que aquí no pasa nada. Basta mirar las listas de aspirantes a corporaciones públicas. Hay padres, hermanos, hijos y parientes de condenados por una amplia gama de faltas y alianzas con personajes a quienes nunca debieron acercarse.

El poder de la grabadora
Con este juego de grabar a los demás y, de paso, tener cómo chantajearlos, queda la sensación de que aquí la justicia no se necesita, porque vale menos una grabadora y es más efectiva a la hora de eliminar al que se interponga en el camino… Se reparten grabaciones por doquier y con ello se denuncian delitos, se neutralizan contradictores o se matan la honra y el buen nombre de otros. Aquí parecen sobrar los estrados judiciales, la investigación judicial y las denuncias periodísticas, porque las grabadoras lo hacen todo.
Desde el proceso 8.000 hasta hoy hemos visto varías caídas. Muchos de los muertos insepultos dejados por la entrada de capital de la mafia a la campaña de entonces hoy gozan de un poder inmenso y de representación pública en sus cónyuges o descendientes. No están claras las relaciones de unos con los constructores de una nueva patria ni del despojo a otros colombianos. Y tampoco las cálidas relaciones con DMG… Porque los caballeros repiten.

Muy buena literatura
Miremos atrás. En apogeo el proceso 8.000 se violó la reserva del sumario casi a diario. Aparecían publicados los testimonios de los declarantes ante la justicia en los medios y eso alimentaba el morbo de unos y languidecía la esperanza de vivir en un país mejor en los demás. Se compraron y vendieron expedientes, se filtraron documentos y algunos ganaron dinero vendiendo información basada en ellos. En materia de principios y silencios de orden legal, no hemos avanzado. Se repiten los mismos hechos y las feas costumbres y se venden como pan caliente. Buena literatura sí hemos tenido: asesinatos, muertes, descuartizamientos, desapariciones, secuestros, terrorismo, tráfico de armas, ejemplos que a su vez multiplican la televisión y el cine como si ya no estuviéramos hastiados de tanta m…iseria.
Con ese recorrido se puede celebrar anualmente en Colombia el concurso de la mente sana.

Una larga historia
Una flamante ex presidenta del Congreso, que cuenta con apoyo de granados políticos, no se detuvo a pensar en que hería de muerte la dignidad, ya lastimada por cierto, del poder legislativo, y grabó, como cualquier paisano, a un interlocutor. No pensó en que podía vencerlo con el poder de la ley y con la majestad de la justicia.
La chuzadera es hoy la diversión favorita de los colombianos.
También grabaciones ilícitas sacaron del teatro de operaciones a doce generales. Antes de que esto ocurriera, se habían conocido otras grabaciones que comprometían a los detenidos jefes paramilitares porque seguían delinquiendo desde la cárcel y ello había desatado una gran polémica nacional.
A una grabación le siguió otra, sabios interpretarán.
Qué placer el de la chuzadera.
Y antes, el rato amargo fue para el magistrado auxiliar e investigador de la parapolítica, Iván Velásquez Gómez, a quien se le acusó de ofrecer gabelas a delincuentes que acusaran al Jefe del Estado, situación que ya quedó superada para el jurista, quien en todo momento contó con apoyo de la Corte Suprema de Justicia.

Chuzan el alma
Pero la chuzadera ya está dentro del alma nacional. Legales o ilegales, se destaparon grabaciones que comprometían al jefe de fiscalías en Antioquia, Guillermo León Valencia, y a otros funcionarios de esa oficina, con Don Mario, dueño de ejércitos privados del centro del país. Y también periodistas sufrieron los efectos de esa epidemia.
Y luego, un joven captador de dineros del público, apalancado por políticos, familias poderosas, modelos y ansiosos de figuración, puso a tambalear a funcionarios públicos, entre ellos al personero de Bogotá, quien se supone hizo lobby para relacionarlo con la campaña del hoy alcalde Samuel Moreno. Pero ese no es el caso más grave, investigan a quienes no sólo invirtieron capital en DMG para multiplicar pronto su riqueza y usaron sus influencias para abrirle puertas y posibilidades en Colombia y en el exterior a David Murcia Guzmán.
Se confiaron y hoy las autoridades investigan cómo llegaron fuertes sumas de dinero a bancos norteamericanos.
Y lo que falta
La chuzadera tiene facetas inesperadas. Quienes la impusieron creyeron tener el antídoto. Es más. Pero todo indica que no es verdad porque las maquinitas no distinguen conversaciones tipo A y B, ellas graban en las cuatro direcciones.
Es probable, entonces, que más temprano que tarde conozcamos la otra cara de la historia.
 

 


 

La salida de la dignidad

Francisco Rojas Birry parece ser el único indio negado de malicia. Esa habilidad que todos les reconocen no es con la que alardea este hombre considerado “uno de los indígenas con mayor trayectoria política en el país”. Fue delegado a la Asamblea Nacional Constituyente por la Onic. Más tarde al Congresito. Llegó al Concejo de Bogotá, a la Cámara de Representantes y al Senado y no aprendió a evadir la tentación, y hoy lo tiene en problemas supuestamente por tener nexos con David Murcia.
En un escenario donde se entrecruzan tantas malicias –multiplicadores de riqueza, constructores de una nueva patria, ejércitos del pueblo, fundadores de organizaciones, corporaciones y asociaciones de todo pelambre- nadie le creería si dijera que no sabe que aquí graban a todo el mundo.
Rojas Birry no es un principiante. De Catrú, en el Alto Baudó donde nació en 1960, pasó a la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín de la que egresó como abogado. Mientras se llega a la verdad, es grave la situación porque un millón de personas apoyó al alcalde Samuel Moreno, a quien más afecta la actitud del personero, porque fue su impulsor y promotor.
Cierto que el Personero tiene que aclarar sus posibles nexos con DMG y la adquisición de bienes que se supone fueron con dineros de la captadora de recursos. Como la situación se vuelve más compleja, no le queda otro camino que renunciar. Tomar la salida de la dignidad para que la justicia lo investigue.
Su decisión de seguir no es categórica. Minuto a minuto se debilita porque su relación con el próspero empresario, hoy tras las rejas, David Murcia, afecta gravemente a Bogotá, a la Personería y al Polo Democrático.
Su permanencia en la Personería muestra grietas en la unidad del Polo Democrático, porque pese a las peticiones de retiro, Rojas no da el paso.
Con la salida de la dignidad, el Personero puede ir a defenderse y a atender los requerimientos de la justicia… El tiempo apremia y aparecen más jueces gratuitos que piden su condena. Se olvidan que lo cobija la presunción de inocencia.

 



 

 Su opinión sobre este artículo:

Nombre:

Correo-e

Sus comentarios:



 

 



La otra visión de la capital
Carrera 5 No 70A - 19
tel: (571) 8073982
redaccion@ph.com.co
® 2009