Las cifras corroboran que
la criminalidad ha aumentado en Bogotá
¡Cuidado! Peligro en
la ciudad
La crisis
económica, la poca fuerza pública, el
análisis de cifras poco confiables y la
falta de ética ciudadana son algunos de los
factores por los que ha crecido
dramáticamente la victimización en Bogotá.
Matices de una ciudad en cuidados
intensivos.
“Los niños buenos se acuestan temprano”. Con
esta frase se despiden algunos delincuentes
que en los últimos días atemorizan a los
habitantes de la capital por medio de
volantes coercitivos. Y esta frase no es tan
sólo un cándido consejo. Es una amenaza de |
Fotoilustración
Monique Vitelli |
muerte. Y aquel que ose
andar por ahí a altas horas de la noche en
algunos de esos barrios corre el riesgo de
ser ajusticiado por la ‘limpieza social’.
Este hecho es aterrador porque ya se han
cometido varios asesinatos de indigentes y
de jóvenes acusados de ser viciosos o
delincuentes.
Pero los jóvenes de estos barrios no son los
únicos que por estos días se sienten
inseguros. Las madres ahora tienen que andar
con los ojos bien abiertos porque hay una
nueva modalidad que los criminales utilizan
para robar bebés. El modus operandi consiste
en persuadir a mujeres carentes de recursos
para que les entreguen sus bebés con el
argumento de que serán incluidos en
programas de ayudas económicas.
Y los peatones, ni se diga. El problema del
raponazo está entre los delitos más
cometidos en la ciudad. Uno de los puntos en
el que se cometen estos crímenes de manera
cotidiana, sin que las autoridades puedan
resolverlo, es en las inmediaciones de la
Carrera 10, lugar en el que actualmente se
adelanta la construcción de las nuevas
troncales de Transmilenio. Y aunque la
Policía Metropolitana asegura que
diariamente son capturadas tres personas en
flagrancia, o que en lo corrido del año ha
incautado 22 armas de fuego y cerca de 18
mil gramos de sustancias psicoactivas, lo
cierto es que en este sector de la ciudad
hay grandes problemas de seguridad.
Hay otro tipo de delincuentes que actúan,
digámoslo así, de manera más ‘profesional’.
Estos son los fleteros. Ellos andan en
motos, por lo general tienen cómplices en
los bancos, y cuando una persona retira un
monto considerable, ellos la abordan en la
calle, la roban y se escabullen sin que las
autoridades hagan algo. Uno de los casos más
conocidos de esta modalidad le ocurrió a
Luis Fernando Montoya, director técnico
campeón de la Copa Libertadores, quien fue
abaleado por fleteros que intentaron
robarlo.
También regresa un monstruoso problema que
parecía ya superado: el sicariato. Los casos
en los últimos meses se han incrementado de
manera alarmante. Una serie de asesinatos en
una suerte de ajustes de cuentas se han
venido propagando en la ciudad. Las alarmas
se prendieron y las autoridades están
alertas pero los asesinos a sueldo prosiguen
con su macabro negocio.
Estos son tan sólo algunos de los hechos. Lo
cierto es que día a día hay más denuncias
sobre nuevas modalidades y sectores en los
que continúan su avanzada los criminales.
Así, ya se ha hecho insostenible la
afirmación que hacía la administración
cuando aseguraba que este era un problema de
percepción.
LOS ARGUMENTOS
Algún sector de la opinión insistía en que
la seguridad se había deteriorado de manera
notoria. La administración aducía que era
una cuestión de percepción, y de cifras.
Pero la disputa fue resuelta por estudios
realizados por la Cámara de Comercio de
Bogotá y la Contraloría Distrital. Ahí se
prendieron las alarmas, ya que se demostró,
por las vías correspondientes, que Bogotá
está en un inminente problema a costa de la
inseguridad.
La Cámara de Comercio de Bogotá realizó una
Encuesta de percepción y victimización, la
cual determinó que el 55% de los habitantes
de la ciudad afirma que se siente más
inseguro en la ciudad, frente al 39% de
finales del 2007, un porcentaje que no se
presenta hace 11 años. Y lo más grave es que
la proporción de personas que dice haber
sido víctima de un delito llegó a 39% a
finales de 2008, 13 puntos más que en el año
inmediatamente anterior.
Con este estudio ya se hace evidente que ha
habido retrocesos en este ámbito. Pero para
quien aún tenga dudas, la Contraloría dio a
conocer su informe, el cual muestra un
aumento en los delitos de mayor impacto.
Basados en cifras de Medicina Legal y la
Policía Metropolitana se determinó que los
homicidios se incrementaron un 4% en Bogotá,
así como las muertes en accidentes de
tránsito, los suicidios, las lesiones
comunes y las lesiones en accidentes. La
tasa de hurtos pasó de 321,5 por cada 100
mil habitantes a 373,5 en un año, con
incrementos en robos de residencias y de
personas.
Luego de que la administración conociera
ambos estudios, algunos de sus voceros
informaron que esta tendencia no existe tan
sólo en Bogotá sino también en otras
ciudades del país, lo cual, si bien es
cierto, no ayuda a solucionar el problema.
Al respecto, el concejal Javier Palacio
Mejía asegura: “La ciudad atraviesa uno de
sus peores momentos en materia de seguridad.
Nuestras calles se están convirtiendo en
constantes trampas en donde nuestra
integridad no puede ser garantizada. La
actual administración no ha encontrado el
camino para enfrentar estos problemas y ha
enfrascado el debate en el contraste de
cifras, en desmentir un porcentaje frente a
otro, o en mostrar una mejoría sobre el
papel, en comparación con la realidad
palpable que se vive en las calles
capitalinas.”
Mientras tanto, el alcalde Samuel Moreno
Rojas reconoció que hay un deterioro
bastante significativo de la seguridad,
especialmente por asesinatos por encargo,
por ajustes de cuentas y el recrudecimiento
de la violencia por parte de las bandas
organizadas del narcotráfico, fenómenos que
también afectan a otras capitales de
departamentos del país.
El mandatario anunció que llevará a cabo una
cumbre de alcaldes de las principales
ciudades del país para, mediante un
ejercicio serio y concienzudo, definir
estrategias que logren solucionar esta
situación de inseguridad que se está
adueñando de las más importantes urbes.
LAS CAUSAS
A diciembre de 2008, Bogotá contaba con un
número aproximado de 10.923 policías
efectivos profesionales, 5.806 auxiliares y
181 no uniformados. De ellos, 6.761 (61.9%)
policías profesionales se encuentran
prestando servicio de vigilancia, en las
estaciones y subestaciones de los cuatro
comandos operativos de seguridad ciudadana.
El restante 38.1% adelanta actividades
administrativas y servicios especializados.
Descontando novedades de personal y labores
administrativas, Bogotá cuenta con 6.300
policías asignados a los CAI y Estaciones,
distribuidos en 3 turnos de 8 horas cada
uno; es decir que la ciudad tiene un número
aproximado de 2.100 policías por cada turno.
Y si se tiene en cuenta que el estándar
internacional establece un policía por cada
250 habitantes, y Bogotá posee un policía
por cada 710 habitantes, se concluiría que
estamos un 304% por debajo de los estándares
internacionales, y que Bogotá debería tener
aproximadamente 30.400 agentes.
Por otro lado habrá que dejar claro que las
políticas de seguridad no dependen del
alcalde. La disposición de las fuerzas
militares y de la policía, es de exclusivo
dominio del Presidente de la República, así
como la política general sobre seguridad
ciudadana que debe ejecutarse en todo el
territorio nacional. El Alcalde de Bogotá no
tiene injerencia en la designación de los
altos mandos, asignación del pie de fuerza
ni en la determinación de la cantidad,
distribución y localización de policías, y
menos aún en los traslados y las remociones
de los mismos.
¿Entonces, qué hacer? Primero aplaudir por
un nuevo contingente de 300 policías que ha
llegado a Bogotá. Pero hay que comprender
que la fuerza policiva sigue siendo escasa
por lo que hay que aprovechar al máximo los
recursos con que se cuenta. Por eso
dependemos de la idoneidad con que se
realicen y controlen las estrategias para
vencer esta problemática. A su vez, la
policía tendrá que hacer lo suyo para
ganarse la total confianza de los
ciudadanos, para que se pueda promover la
cultura de la denuncia y el trabajo, de mano
de la comunidad.
De la buena administración de lo que se
tiene depende que los hechos delictivos en
la ciudad disminuyan. Por eso el concejal
Javier Palacio, en su intervención durante
el Foro de Seguridad Democrática para la
ciudad, destacó cómo Bogotá se encuentra
varios pasos atrás, en el tema de seguridad,
frente al resto del país y entregó datos que
respaldan su posición.
Palacio Mejía afirmó que la debilidad en la
ejecución de los recursos por parte de las
entidades distritales es evidente y citó
como ejemplo el Fondo de Vigilancia y
Seguridad, que en el 2007 tuvo un
presupuesto para inversión directa de $111
mil millones de pesos, según estudio de la
Veeduría Distrital. Sin embargo, sólo
ejecutó el 55.7% y realizó giró el 23.5%.
Por lo que concluyó que es “necesario
profundizar en una articulación de las
estrategias nacionales y distritales que
permitan obtener resultados a partir de
políticas aplicadas en diversas esferas
territoriales”.
En definitiva, aunque ya se reconoció que
hay una problemática agravada, aún hay un
largo listado de tareas por hacer. Lo único
claro es que hay que adoptar una serie de
medidas para que la tendencia positiva de
años anteriores en Bogotá, en materia de
seguridad, no se eche al cesto de la basura.
Por otro lado, no se pueden desconocer los
esfuerzos que la administración distrital
han realizado para acabar con el problema,
pero también hay que ser claros y decir que
nunca será suficiente.
Mientras tanto, el comandante de la Policía
Metropolitana, general Rodolfo Palomino,
afirma que están actuando “con firmeza
contra la delincuencia” y revela que este
año han desmantelado 30 bandas. “Yo voy a
todas partes y la gente me felicita”, y a
eso también habrá que decir que nunca será
suficiente.
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En palabras
del Contralor Distrital Miguel Ángel Morales
Russi

El problema de
la criminalidad en Bogotá, y en especial el
surgimiento del sicariato es preocupante. El
hecho de que ocurran tres casos de este tipo en
un solo día sugiere que se está presentando un
desplazamiento de las mafias hacia la ciudad y a
sectores cercanos, que lo único que buscan es
venir a ocultarse.
Esto es también reflejo de que es hora de
comenzar un trabajo fuerte con las autoridades
para descifrar el mapa de la inseguridad en la
ciudad, de tal manera que puedan detectarse las
vendettas, los grupos ilegales y los cobros de
cuentas que se están ejecutando en la ciudad, lo
cual requiere que se enciendan las alarmas sobre
esta situación.
Estos hechos obligan a que la Policía ejecute
acciones de inteligencia para determinar de
dónde llegan a desestabilizar la tranquilidad de
la ciudad. Estos delincuentes encuentran en
Bogotá la posibilidad de manejar un bajo perfil
y pueden camuflarse, aunque es un fenómeno que
poco a poco se hace evidente, por ejemplo,
cuando se encuentran circulando vehículos de más
de cien millones de pesos o cuando realizan unas
edificaciones en algunas zonas y resulta que son
estrafalarias.
Esto se debe a que el crecimiento de la ciudad
ha generado un fenómeno sociológico que es el
del anonimato, y en una ciudad de ocho millones
de habitantes es fácil que se mezclen y que no
llamen tanto la atención. Ya he conversado sobre
el tema con el General Rodolfo Palomino y se
están tomando las acciones del caso, y no sólo
sobre éste, sino por los demás temas de
seguridad que atañen a Bogotá.
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