Bogotá D.C.,  abril de 2009

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Las cosas salieron mal y se debió a un error de los bancos
Las cuentas de la lechera
Doscientos mil empleos se pierden por un lado, trescientos mil por el otro, mil quinientos por aquí, más veinte, más cincuenta, nos ahoga el desempleo y la culpa se le endilga sólo al pico y placa.


Cifras van y vienen. Cálculos en miles de dólares suman y restan. Unos empujan para adelante y los demás echan para atrás. Y aquí lo único claro es que se decide a bandazos y se informa a la opinión con la misma técnica. Con varias semanas de pico y placa extendido, 14 horas, queda claro que la medida se tomó de afán y sus efectos se desconocen o magnifican con dramatismo, lo que confunde a la comunidad. Mala nota.
La última semana las cosas salieron doblemente mal para el Distrito. Primero, los bancos se equivocaron en su favor, es decir, le certificaron


Ilustración David Quintero

más plata de la que tenía. Eso es difícil de creer porque los bancos jamás se equivocan y menos en favor del cliente. Con 400.000 carros sin salir a la calle cada día es improbable que crezcan las ventas de gasolina. Esto ni si las vías estuvieran en perfecto estado como para pasear por ellas… Y la dicha duró poco porque con ese argumento ratificaron la medida y sus contradictores pudieron demostrar que la sustentación carecía de veracidad. Lamentable que esto suceda porque eso alimenta el desánimo de la gente que está aporreada por la crisis, esa misma que le juraron que jamás la afectaría porque el blindaje era a prueba de todo y no es cierto. Y luego le entregan unas cifras que sumadas parecen recogidas en El País de Jauja.

De tiempo atrás había que ponerle mala nota a funcionarios distritales y a algunos gremios. Los primeros han afectado bruscamente la imagen del alcalde, que está en la dura tarea de conquistar a una ciudad que no traga entero, que maneja demasiados intereses y que con un voto de opinión tan amplio puede despojarlo de parte del apoyo que se requiere para administrar una urbe caótica y vibrante como esta.
Mala nota para el comercio, la industria y las empresas de servicio que, desde el principio, e dedicaron al pataleo antes de reunirse con el mandatario, exponerle sus angustias, demostrarle los perjuicios y no tomar megáfonos y micrófonos sin afinar los argumentos… Desgastes innecesarios en momentos en los que cotarro político se agita para pescar en río revuelto y las campañas arrancan un mes después de posesionarse una administración.
A Don Ramón, el del camión que reparte mercancías, no le ceden espacios en los noticieros ni clasifica en las encuestas. A Manuela, la del parqueadero, nadie le pregunta cómo se siente con tan poco trabajo. A doña Marina, la madre que lleva a sus hijos al colegio apenas despunta el sol, no la persiguen los medios para que cuente su drama.
Y otros tantos ciudadanos, que no se sienten interpretados correctamente, acuden a sistemas y medios que eviten que otros se autoproclamen como sus voceros y canalicen sus molestias hacia fines diferentes al bien común, al bienestar general. Por eso se refugian en las redes sociales y sacan del camino a dirigentes de partidos, a aspirantes a ascender en la escala política, a personajes que buscan protagonismo se conviertan en sus “abogados de oficio”. Otros, con diversos propósitos, acuden a la Constitución y a la ley para que la justicia decida si deben usar el carro los siete días de la semana o no.

Sin diálogo, al tarro
Desde el principio, muchos, con sensatez y con espíritu constructivo, le manifestaron al alcalde, Samuel Moreno que se valiera del diálogo. Para tomar una medida de ese carácter se requiere consenso, persuasión, argumentación, inteligencia. Hoy, el secretario de Movilidad, Fernando Alvarez, está en una situación difícil porque en algo se lesionó su credibilidad.
Hay que recordar que el alcalde dijo en su discurso de posesión: “Por ello, la principal estrategia que desarrollará la alcaldía para lograr las metas que están en el Programa de gobierno, serán el diálogo, la concertación y la participación ciudadana”. Pero en este caso no fue así. Por falta de sindéresis se devuelve la pelota. Los voceros de gremios y actividades económicas exigen cifras y resultados de los estudios que obligaron a aumentar las horas de paro de los vehículos particulares.
Mientras la Secretaría de Movilidad no muestra cifras contundentes, los gremios hablan de la pérdida de 501.5000 puestos de trabajo por culpa de la medida: 200 mil de los autopartistas, 300 mil del comercio y 1.500 de las estaciones de servicio y que van creciendo con los días. Serias o no las investigaciones, lo cierto es que el número impacta, asusta y pone a pensar al más indolente, si se le enciman los 400 millones de dólares que los comerciantes han dejado de vender.
Además, la administración se dejó colgar en este paquete el dato de que la industria redujo el consumo de energía en un 5 por ciento, en enero, cuando el pico y placa no estaba en vigencia y sí comenzaban a sentirse los efectos de una crisis económica mundial… la misma que nos encontró sin súper blindaje.

Traía una línea clara
Mirando atrás, en la campaña, el alcalde insistió en su compromiso con el desarrollo del metro, razón por la cual no le declararía “la guerra al dueño del carro particular porque, en la mayoría de los casos, más que un lujo es un necesidad. En esa línea no ampliaría el pico y placa ni lo extendería a los fines de semana”. Entonces se opuso al “Transmilenio por la séptima y, en su lugar, planteó el metro subterráneo y elevado, mientras que el Transmilenio por la calle 26 puede ser reemplazado con la rehabilitación de la vía férrea”.
Su programa de gobierno, en el numeral 5, hablaba de sistema de trasporte con calidad y seguridad Diseñaremos un sistema de transporte masivo con visión de largo plazo, que esté acorde con las necesidades de los habitantes y supere, de una vez por todas, las dificultades de movilidad que registra nuestra ciudad. El atraso en la expansión, rehabilitación y mantenimiento de la malla vial de Bogotá es alarmante y los recursos necesarios para su recuperación son elevados; no obstante, la búsqueda de una solución financiera sostenible es inaplazable para lograr una movilidad fluida y eficiente que impacte positivamente en el bienestar y en la competitividad de la ciudad”.
Me comprometo a liderar las acciones pertinentes para lograr que todos los habitantes de la ciudad puedan disponer del servicio público de transporte de modo suficiente, oportuno, cómodo, seguro, económico y de total cobertura”.
En el discurso de posesión reiteró su compromiso con los habitantes de la capital: “El caos circulatorio en Bogotá requiere medidas urgentes tanto en materia de gestión del tráfico y mejora e integración del transporte público, como en materia de construcción y mantenimiento de vías”.

Después del susto
El famoso aguacero que colapsó el tráfico y una portada de la revista Semana pidiendo al mandatario que hiciera algo, llevaron a los responsables de la movilidad a recomendar una medida radical. Si bien la ciudadanía clamaba por una decisión que facilitara la circulación de vehículos, los asesores lo llevaron a pasar por encima de las promesas que le dieron la victoria.
Antes, cuando se habló de un pico y placa de 24 horas, Moreno afirmó: “En Bogotá tenemos una actividad económica enorme entre las seis de la mañana y las ocho de la noche y me parece que de pronto con un pico y placa las 24 horas, gran parte de esta labor se podría ver afectada". Dijo en Caracol.
Tomada la decisión de 14, dijo a El Espectador: “el compromiso que nosotros tenemos es hacerle una evaluación y un monitoreo permanente, mirar el impacto de la misma, tanto en materia de movilidad como en relación con la economía de la ciudad".
Tras darse una pela de ese tamaño, mantiene una actitud abierta al diálogo: “En todas las medidas pasa lo mismo, a unas personas les gusta, a otras no, una gente se beneficia, otra no; eso es parte de la discusión, del debate, del compromiso que tenemos de evaluar, de hacerle el seguimiento, el monitoreo, y si es necesario o no hacerle los ajustes”.
La decisión entonces de mantener el pico y placa extendido obliga a los asesores a fortalecer los argumentos, necesitan basarse en resultados y estudios serios, están obligados a conocer al detalle la cantidad de personas que pueden sustentar sus molestias, conocer qué sectores de la economía están más golpeados, con datos concretos de sus negocios, nunca presionada por otras circunstancias.

Riesgosas consecuencias
Al equipo del alcalde no se les puede olvidar que la gente común es muy inteligente, que son épocas en las que se privilegia el conocimiento y por eso hay avidez por el saber, lee con rapidez sus angustias, por lo que es preciso llegarle con motivaciones de peso para que acepte medidas drásticas… Si a los argumentos les suman las razones ambientales, las de seguridad, de igualdad, vale.
Precipitarse desata inconformidad y de ahí surgen redes sociales de todo orden que, en definitiva, golpean al jefe de la administración distrital, que cree en sus asesores y acoge sus recomendaciones. No ha habido luna de miel en lo que va de la administración y la ciudadanía no conoce en detalle que se están invirtiendo, este año, algo más de dos billones de pesos en la III fase de Transmilenio, en la recuperación de la malla vial y en unas obras de valorización que, de cumplirse los cronogramas, podrán mejorar la movilidad en Bogotá… Si hay una información permanente y clara de los avances, de las vías que se abren, de las multas a los contratistas que incumplen, con seguridad los bogotanos van a entender que se están haciendo cosas. Que, a pesar del afán, se requiere de tiempo para no tener que repetir la tarea unos meses más tarde. Hay que multiplicar los canales de información para que toda la comunidad sepa que hay avances, a pesar de las fallas.
De otra manera, la gente sólo recordará las cuentas de la lechera.

 


 

Qué quiere la gente

Que le dejen usar su vehículo porque para eso lo compró.

Que no le violen el derecho a movilizarse libremente.

Que trabaje la policía de tránsito porque donde hay trancón, ahí está ella.

Que haya autoridad de tránsito y obligue el respeto de las señales.

Que la medida aplique para todos, que no haya tantos permisos y privilegios.

Que se ejecuten las obras en orden. No abrir mil frentes al tiempo porque se entorpece aún más las movilidad.

Que no impidan el tráfico por vías donde no se han empezado los trabajos

Que las distintas dependencias distritales trabajen armónicamente y actúen como un equipo.

Que compren más buses para que la gente no viaje como ganado.

Que tengan en cuenta a la gente menos favorecida, que viven de sus carros particulares: gasolineras, talleres, transportadores, instructores de conducción, escuelas de automovilismo.

El caso es que nos jodimos, a la gente que depende del carro para trabajar se le complicó la vida en serio. Andrés Ruiz

En TransMilenio ya no solo se vive el calvario del sobrecupo en horas pico, también en las horas valle, pues los ‘genios’ de ese sistema envían menos buses, más llenos y con menor frecuencia a esas horas. Mauricio Romero.

“Buenísima medida, eso obligaría a que mejoremos el servicio de transporte público de verdad, que es una vergüenza”. Juan Navarro.

Estoy muy contento porque antes llevaba a la casa 35.000 y ahora llevo 60.000, es que ya se puede andar. Aleida Bigoya.

La guerra al carro, por donde se mire, es un error. En un futuro, los carros no contaminarán y habrá menos accidentes gracias a la tecnología. Que no nos coja la tarde buscando la fiebre en las sábanas. Saúl Hernández, El Mundo

“Qué bueno, con todos los alcaldes, convenir en todos los centros urbanos de Colombia el pico y placa. Qué bueno poder tener en todos los centros urbanos de Colombia el día sin vehículo, y frecuentemente”. Alvaro Uribe

 



 

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Otras opiniones

“El Alcalde Mayor no ha querido escuchar al Comercio, entender que con la medida del pico y placa de 14 horas continuas va a quebrar la ciudad y que lo necesario en este momento de crisis mundial es fomentar el consumo para el crecimiento y el desarrollo económico de la ciudad. La reducción diaria en visitantes es dramática, ha disminuido en cerca del 45% y el ingresó de vehículos se ha reducido en un 35%. Al consultar con los cerca de 400 locales que hay, el 85% ha manifestado su angustia por la afectación en las ventas”. Gustavo Aristizabal, Gerente de Gran Estación.
 
 


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