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más plata de la que tenía.
Eso es difícil de creer porque los bancos
jamás se equivocan y menos en favor del
cliente. Con 400.000 carros sin salir a la
calle cada día es improbable que crezcan las
ventas de gasolina. Esto ni si las vías
estuvieran en perfecto estado como para
pasear por ellas… Y la dicha duró poco
porque con ese argumento ratificaron la
medida y sus contradictores pudieron
demostrar que la sustentación carecía de
veracidad. Lamentable que esto suceda porque
eso alimenta el desánimo de la gente que
está aporreada por la crisis, esa misma que
le juraron que jamás la afectaría porque el
blindaje era a prueba de todo y no es
cierto. Y luego le entregan unas cifras que
sumadas parecen recogidas en El País de
Jauja.
De tiempo atrás había que ponerle mala nota
a funcionarios distritales y a algunos
gremios. Los primeros han afectado
bruscamente la imagen del alcalde, que está
en la dura tarea de conquistar a una ciudad
que no traga entero, que maneja demasiados
intereses y que con un voto de opinión tan
amplio puede despojarlo de parte del apoyo
que se requiere para administrar una urbe
caótica y vibrante como esta.
Mala nota para el comercio, la industria y
las empresas de servicio que, desde el
principio, e dedicaron al pataleo antes de
reunirse con el mandatario, exponerle sus
angustias, demostrarle los perjuicios y no
tomar megáfonos y micrófonos sin afinar los
argumentos… Desgastes innecesarios en
momentos en los que cotarro político se
agita para pescar en río revuelto y las
campañas arrancan un mes después de
posesionarse una administración.
A Don Ramón, el del camión que reparte
mercancías, no le ceden espacios en los
noticieros ni clasifica en las encuestas. A
Manuela, la del parqueadero, nadie le
pregunta cómo se siente con tan poco
trabajo. A doña Marina, la madre que lleva a
sus hijos al colegio apenas despunta el sol,
no la persiguen los medios para que cuente
su drama.
Y otros tantos ciudadanos, que no se sienten
interpretados correctamente, acuden a
sistemas y medios que eviten que otros se
autoproclamen como sus voceros y canalicen
sus molestias hacia fines diferentes al bien
común, al bienestar general. Por eso se
refugian en las redes sociales y sacan del
camino a dirigentes de partidos, a
aspirantes a ascender en la escala política,
a personajes que buscan protagonismo se
conviertan en sus “abogados de oficio”.
Otros, con diversos propósitos, acuden a la
Constitución y a la ley para que la justicia
decida si deben usar el carro los siete días
de la semana o no.
Sin diálogo, al tarro
Desde el principio, muchos, con sensatez y
con espíritu constructivo, le manifestaron
al alcalde, Samuel Moreno que se valiera del
diálogo. Para tomar una medida de ese
carácter se requiere consenso, persuasión,
argumentación, inteligencia. Hoy, el
secretario de Movilidad, Fernando Alvarez,
está en una situación difícil porque en algo
se lesionó su credibilidad.
Hay que recordar que el alcalde dijo en su
discurso de posesión: “Por ello, la
principal estrategia que desarrollará la
alcaldía para lograr las metas que están en
el Programa de gobierno, serán el diálogo,
la concertación y la participación
ciudadana”. Pero en este caso no fue así.
Por falta de sindéresis se devuelve la
pelota. Los voceros de gremios y actividades
económicas exigen cifras y resultados de los
estudios que obligaron a aumentar las horas
de paro de los vehículos particulares.
Mientras la Secretaría de Movilidad no
muestra cifras contundentes, los gremios
hablan de la pérdida de 501.5000 puestos de
trabajo por culpa de la medida: 200 mil de
los autopartistas, 300 mil del comercio y
1.500 de las estaciones de servicio y que
van creciendo con los días. Serias o no las
investigaciones, lo cierto es que el número
impacta, asusta y pone a pensar al más
indolente, si se le enciman los 400 millones
de dólares que los comerciantes han dejado
de vender.
Además, la administración se dejó colgar en
este paquete el dato de que la industria
redujo el consumo de energía en un 5 por
ciento, en enero, cuando el pico y placa no
estaba en vigencia y sí comenzaban a
sentirse los efectos de una crisis económica
mundial… la misma que nos encontró sin súper
blindaje.
Traía una línea clara
Mirando atrás, en la campaña, el alcalde
insistió en su compromiso con el desarrollo
del metro, razón por la cual no le
declararía “la guerra al dueño del carro
particular porque, en la mayoría de los
casos, más que un lujo es un necesidad. En
esa línea no ampliaría el pico y placa ni lo
extendería a los fines de semana”. Entonces
se opuso al “Transmilenio por la séptima y,
en su lugar, planteó el metro subterráneo y
elevado, mientras que el Transmilenio por la
calle 26 puede ser reemplazado con la
rehabilitación de la vía férrea”.
Su programa de gobierno, en el numeral 5,
hablaba de sistema de trasporte con calidad
y seguridad Diseñaremos un sistema de
transporte masivo con visión de largo plazo,
que esté acorde con las necesidades de los
habitantes y supere, de una vez por todas,
las dificultades de movilidad que registra
nuestra ciudad. El atraso en la expansión,
rehabilitación y mantenimiento de la malla
vial de Bogotá es alarmante y los recursos
necesarios para su recuperación son
elevados; no obstante, la búsqueda de una
solución financiera sostenible es
inaplazable para lograr una movilidad fluida
y eficiente que impacte positivamente en el
bienestar y en la competitividad de la
ciudad”.
Me comprometo a liderar las acciones
pertinentes para lograr que todos los
habitantes de la ciudad puedan disponer del
servicio público de transporte de modo
suficiente, oportuno, cómodo, seguro,
económico y de total cobertura”.
En el discurso de posesión reiteró su
compromiso con los habitantes de la capital:
“El caos circulatorio en Bogotá requiere
medidas urgentes tanto en materia de gestión
del tráfico y mejora e integración del
transporte público, como en materia de
construcción y mantenimiento de vías”.
Después del susto
El famoso aguacero que colapsó el tráfico y
una portada de la revista Semana pidiendo al
mandatario que hiciera algo, llevaron a los
responsables de la movilidad a recomendar
una medida radical. Si bien la ciudadanía
clamaba por una decisión que facilitara la
circulación de vehículos, los asesores lo
llevaron a pasar por encima de las promesas
que le dieron la victoria.
Antes, cuando se habló de un pico y placa de
24 horas, Moreno afirmó: “En Bogotá tenemos
una actividad económica enorme entre las
seis de la mañana y las ocho de la noche y
me parece que de pronto con un pico y placa
las 24 horas, gran parte de esta labor se
podría ver afectada". Dijo en Caracol.
Tomada la decisión de 14, dijo a El
Espectador: “el compromiso que nosotros
tenemos es hacerle una evaluación y un
monitoreo permanente, mirar el impacto de la
misma, tanto en materia de movilidad como en
relación con la economía de la ciudad".
Tras darse una pela de ese tamaño, mantiene
una actitud abierta al diálogo: “En todas
las medidas pasa lo mismo, a unas personas
les gusta, a otras no, una gente se
beneficia, otra no; eso es parte de la
discusión, del debate, del compromiso que
tenemos de evaluar, de hacerle el
seguimiento, el monitoreo, y si es necesario
o no hacerle los ajustes”.
La decisión entonces de mantener el pico y
placa extendido obliga a los asesores a
fortalecer los argumentos, necesitan basarse
en resultados y estudios serios, están
obligados a conocer al detalle la cantidad
de personas que pueden sustentar sus
molestias, conocer qué sectores de la
economía están más golpeados, con datos
concretos de sus negocios, nunca presionada
por otras circunstancias.
Riesgosas consecuencias
Al equipo del alcalde no se les puede
olvidar que la gente común es muy
inteligente, que son épocas en las que se
privilegia el conocimiento y por eso hay
avidez por el saber, lee con rapidez sus
angustias, por lo que es preciso llegarle
con motivaciones de peso para que acepte
medidas drásticas… Si a los argumentos les
suman las razones ambientales, las de
seguridad, de igualdad, vale.
Precipitarse desata inconformidad y de ahí
surgen redes sociales de todo orden que, en
definitiva, golpean al jefe de la
administración distrital, que cree en sus
asesores y acoge sus recomendaciones. No ha
habido luna de miel en lo que va de la
administración y la ciudadanía no conoce en
detalle que se están invirtiendo, este año,
algo más de dos billones de pesos en la III
fase de Transmilenio, en la recuperación de
la malla vial y en unas obras de
valorización que, de cumplirse los
cronogramas, podrán mejorar la movilidad en
Bogotá… Si hay una información permanente y
clara de los avances, de las vías que se
abren, de las multas a los contratistas que
incumplen, con seguridad los bogotanos van a
entender que se están haciendo cosas. Que, a
pesar del afán, se requiere de tiempo para
no tener que repetir la tarea unos meses más
tarde. Hay que multiplicar los canales de
información para que toda la comunidad sepa
que hay avances, a pesar de las fallas.
De otra manera, la gente sólo recordará las
cuentas de la lechera. |