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¿Desarmados
o desalmados?
- Un arma: salvoconducto para ascender en
una sociedad donde los valores perdieron
kilates.
- Las armas de por si no hacen daño sino los
hombres que las utilizan, dicen los
estudiosos del tema.
Los colombianos, de acuerdo con las
mediciones científicas de otras latitudes,
son los seres más felices del mundo, a pesar
de vivir entre polaridades. Del trabajo
honrado un porcentaje de su población se
pasó a la barra de quienes van por el
enriquecimiento, sin importar la procedencia
del dinero. |
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Y luego, la superioridad de
las armas relegó al ciudadano corriente al
último peldaño de la escala social. Esas dos
situaciones, para no caer en el negativismo
total, propiciaron un cambio, una
distorsión, en los valores que deben regir
los comportamientos de una sociedad.
“Si uno no consigue plata, no es nadie”,
decía con desparpajo una madre. Otros, por
su parte, piensan que “sin un arma, soy una
pelota”.
El hecho real es que la mejor manera de
evitar el llanto por pérdidas irreparables
debido al empleo de las armas, es hacerlas
de lado y para ello se necesita madurez
tanto de las autoridades como de las
comunidades. “Los salvoconductos rumban y el
mercado negro se mueve más que la bolsa”,
dice un escolta.
El llamado al desarme de la administración
distrital es un propósito loable, un
esfuerzo descomunal en un país donde el arma
da estatus, poder, fuerza, valor, miedo y
“seduce” la toma de decisiones.
Los ciudadanos comunes, los que trabajan,
luchan, pagan impuestos, padecen los
vaivenes de la economía, hacen fila en las
oficinas públicas y se privan de tantas
cosas, ven cómo los promotores de negocios
ilícitos andan en lujosos vehículos, en
aviones privados, poseen miles de hectáreas
de tierras fértiles, exhiben grandes hatos
ganaderos y se rodean de damiselas de todas
las pelambres, a las que embellecen a fuerza
de cirugías plásticas.
Los jóvenes y la clase trabajadora observan
con estupefacción cómo criminales, miembros
de distintos grupos al margen de la ley,
reciben grandes beneficios después de
asesinar, por años, a otros colombianos,
mientras los de a pie, a poco o nada tienen
derecho.
Desconcierta que mientras cientos de
desempleados, ajustados a la ley, caminan la
ciudad en busca de un empleo, del sustento
de su familia, de una oportunidad, a ellos
no les llega la mano generosa del Estado,
pero a los que entregan un armamento vejete
o hechizo, reciben una donación en dinero.
¿Buen ejemplo, mal ejemplo? Quién lo sabe.
¿Desarmados o desalmados?
Por una Bogotá sin armas
Es un imperativo que los habitantes de
Bogotá se desarmen, así se desprende de las
múltiples y reiteradas convocatorias de la
administración para que se renuncie a las
armas con sinceridad y, de paso, que los
ciudadanos depositen su confianza en las
autoridades, que hacen grandes esfuerzos por
ofrecer seguridad a todos. Llegar a esos
niveles de convicción no es una tarea fácil,
porque la realidad es diferente.
“El mundo está inundado de armas pequeñas y
ligeras que suman casi 500 millones
suficientes para tener un arma por cada 12
personas en la tierra. La mayoría de ellas
es controlada por autoridades legales, pero
cuando caen en manos de terrorista,
criminales y fuerzas irregulares, las armas
pequeñas traen devastación. Exacerban los
conflictos, provocan flujos de refugiados,
socavan el estado de derecho y engendran una
cultura de violencia e impunidad. En pocas
palabras, estas armas son una amenaza para
la paz y el desarrollo, la democracia y los
derechos humanos”, advirtió en 2001 el
entonces secretario general de Naciones
Unidas, Kofi Annan. Y desde entonces, nuevas
y sofisticadas armas han entrado a los
mercados lícito y negro.
El drama de las armas en poder de los
ciudadanos es global, las diferencias
radican en que unas sociedades hacen más
efectivos los controles y los asociados
tienen más acendrado el valor de la vida
humana. Por sobre todas las cosas, saben que
las armas de por sí no son malas, su
utilización por parte de los individuos las
hace peligrosas. “La responsabilidad es de
los humanos, no de los objetos. El arma es
un algo inanimado, que está arriba de un
mueble y sola no mata a nadie. Se ataca a
las armas porque dicen que fueron hechas
para matar”, dijo a 24 Héctor Abbas, ex
presidente y socio de la Asociación de
Legítimos Usuarios y Tenedores de Armas de
la República Argentina.
Las distintas caras del problema tienen
defensores y críticos y cualquiera que sea
la razón para armarse, al final, las
consecuencias son devastadoras. Estudiosos,
organismos de derechos humanos, gobiernos,
iglesias de todos lados han sugerido
fórmulas, pero la definitiva no existe. De
qué vale el discurso persuasivo a los
ciudadanos si los gobiernos invierten un
alto porcentaje de sus presupuestos para
comprar y privilegiar a sus portadores.
Científicos, militares, académicos han
sugerido caminos pero la historia no
vislumbra un final feliz.
Propuestas de todo orden
Las salidas van desde la simple fórmula de
desestimular la compra de armas, como en
Uruguay, por ejemplo, hasta las propuestas
del religioso y escritor persa Abdul Bahá de
un desarme total de las naciones.
En Uruguay, al ciudadano interesado en
adquirir un arma lo primero que hacen es
persuadirlo de esa idea. "Es palpable el
aumento de quienes nos preguntan qué arma
comprar, pero nosotros cuestionamos el arma
como defensa y promovemos la seguridad
pasiva, es decir, aquellas medidas que
podemos adoptar en la calle, en la casa, con
el auto, sin llegar a armarnos", explica
José Canziani del Club de Tiro de Paysandú,
una de las comunidades que menos armas tiene
en ese territorio.
En uno de sus mensajes al mundo, el escritor
persa sugiere: "En cuanto a la cuestión del
desarme, todas las naciones deben desarmarse
al mismo tiempo. No servirá en absoluto (y
no es lo que se propone) que algunas
naciones abandonen sus armas, mientras que
otras, sus vecinas, permanezcan armadas. La
paz del mundo se tiene que establecer
mediante el acuerdo internacional. Todas las
naciones deben ponerse de acuerdo para
desarmarse simultáneamente... Ninguna nación
puede seguir una política de paz mientras
que su país vecino siga siendo guerrero...
No hay ninguna justicia en eso. Nadie
soñaría con sugerir que se pudiera conseguir
la paz del mundo mediante una línea de
acción semejante. Se tiene que conseguir
mediante un acuerdo global e internacional y
de ninguna otra manera"...
Y va más allá: “Todos los Gobiernos del
mundo deben transformar sus buques de guerra
y maquinaria bélica en barcos mercantes.
Pero ninguna nación puede comenzar por sí
sola una política semejante, y sería una
locura si una potencia intentara hacerlo...
simplemente atraería la destrucción"...
Otros han avanzado
Intervenciones desde todos los rincones del
mundo plantean una gran preocupación por la
falta de resultados positivos en la dejación
de las armas por parte de los civiles que
las emplean para defenderse.
Antonio Rangel, psicólogo y periodista
brasilero, quien por las responsabilidades
que ha tenido en su país no es un
caracterizado "pacifista". Instruyó al
ejército de su país en armamentismo y fue
allí donde comenzó a estudiar a fondo el
problema de la criminalidad.
Ha participado en innumerables eventos donde
se ha estudiado la relación entre la
violencia y las armas.
Ante la angustia de los resultados, el
periodista César Munhoz le preguntó: ¿Podría
citar algunos ejemplos de políticas de
desarme en el mundo que fueron acertadas?
“En Australia, desde la aprobación de la ley
sobre el desarme, en 1996, la tasa de
homicidios por arma de fuego cayó un 50%, de
acuerdo con datos de 2003 proporcionados por
el Australian Bureau os Staistics. El
movimiento pro-armas habla de una "ola de
criminalidad" en ese país, pero revela que
el aumento es en asaltos cometidos con armas
blancas.
En Inglaterra, las armas de fuego son usadas
en sólo el 8% de los asesinatos, y esa es
una de las razones por las cuales la tasa
total de homicidios es tan baja. El aumento
del número de delitos con armas entre los
ingleses sólo ha ocurrido porque la ley no
prohibió el uso de pistolas de aire
comprimido, por ejemplo.En Japón, donde las
armas son prohibidas, la tasa de homicidios
es la más baja del mundo. En el 2002,
llegaron a 0,03 por cada 100 mil habitantes,
según la Organización Mundial de Salud”.
Hay esperanzas
Pronunciamientos de Naciones Unidas, Unión
Europea, organizaciones de derechos humanos,
grupos de países, movimientos sociales,
organizaciones no gubernamentales,
ejércitos, policías, cuerpos armados,
jueces, fiscales, representantes de
distintas iglesias, voceros de la población
civil claman por el desarme. El proceso es
largo y lento pero prevalecen las tesis de
que los ciudadanos del mundo deben abandonar
las armas.
En 2008, el Papa Benedicto XVI envió un
mensaje a los participantes en el seminario
internacional “Desarme, desarrollo y paz
para el desarme integral” en que les
manifestó: “En el ámbito jurídico, los
Estados están llamados a renovar su
compromiso, de modo particular por el
respeto de los tratados internacionales
vigentes sobre el desarme y el control de
todos los tipos de armas”.
(…)”es necesario esforzarse todo lo posible
contra la proliferación de armas ligeras y
de bajo calibre, que alimentan las guerras
locales y la violencia urbana, y matan cada
día a demasiadas personas en todo el mundo”.
La propuesta de desarme es una sola para el
género humano, porque la devastación que
producen las armas es igual para todos los
pueblos, sin distingos.
Bogotá, entonces, tendrá que seducir con
razones poderosas a su población civil para
que entregue las armas y a los militares y
policías para que se ganen la confianza de
los ciudadanos y éstos les confíen su vida y
sus bienes…
Paso a paso se llegará a la romántica
propuesta de Abdul Bahá cuando invoca al
mundo a cesar odios, intrigas y prejuicios
raciales, eliminar la lucha religiosa y las
barreras económicas. “La enorme energía
disipada y derrochada en la guerra, ya sea
económica o política, será consagrada a
aquellos fines que extiendan el alcance de
las invenciones humanas y del desarrollo
tecnológico al aumento de la productividad
de la humanidad, al exterminio de las
enfermedades, a la extensión de la
investigación científica, a la elevación del
nivel de salud física, a la agudización y
refinamiento del cerebro humano, a la
explotación de los inusitados e
insospechados recursos del planeta, a la
prolongación de la vida humana y al fomento
de cualquier otro agente que pueda estimular
la vida intelectual, moral y espiritual de
toda la raza humana”.
Algunos llamados han tenido eco. La tarea
lentamente va dando frutos. La invitación a
los habitantes de Bogotá a desarmarse,
sugieren los conocedores del tema, hay que
renovarla cada día, con un mensaje claro,
reiterativo y convincente, acompañado por
una verdadera protección del ciudadano.
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