Bogotá D.C.,  agosto de 2009

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 ¿Desarmados o desalmados?

- Un arma: salvoconducto para ascender en una sociedad donde los valores perdieron kilates.
- Las armas de por si no hacen daño sino los hombres que las utilizan, dicen los estudiosos del tema.

Los colombianos, de acuerdo con las mediciones científicas de otras latitudes, son los seres más felices del mundo, a pesar de vivir entre polaridades. Del trabajo honrado un porcentaje de su población se pasó a la barra de quienes van por el enriquecimiento, sin importar la procedencia del dinero.

Y luego, la superioridad de las armas relegó al ciudadano corriente al último peldaño de la escala social. Esas dos situaciones, para no caer en el negativismo total, propiciaron un cambio, una distorsión, en los valores que deben regir los comportamientos de una sociedad.

“Si uno no consigue plata, no es nadie”, decía con desparpajo una madre. Otros, por su parte, piensan que “sin un arma, soy una pelota”.

El hecho real es que la mejor manera de evitar el llanto por pérdidas irreparables debido al empleo de las armas, es hacerlas de lado y para ello se necesita madurez tanto de las autoridades como de las comunidades. “Los salvoconductos rumban y el mercado negro se mueve más que la bolsa”, dice un escolta.

El llamado al desarme de la administración distrital es un propósito loable, un esfuerzo descomunal en un país donde el arma da estatus, poder, fuerza, valor, miedo y “seduce” la toma de decisiones.

Los ciudadanos comunes, los que trabajan, luchan, pagan impuestos, padecen los vaivenes de la economía, hacen fila en las oficinas públicas y se privan de tantas cosas, ven cómo los promotores de negocios ilícitos andan en lujosos vehículos, en aviones privados, poseen miles de hectáreas de tierras fértiles, exhiben grandes hatos ganaderos y se rodean de damiselas de todas las pelambres, a las que embellecen a fuerza de cirugías plásticas.

Los jóvenes y la clase trabajadora observan con estupefacción cómo criminales, miembros de distintos grupos al margen de la ley, reciben grandes beneficios después de asesinar, por años, a otros colombianos, mientras los de a pie, a poco o nada tienen derecho.

Desconcierta que mientras cientos de desempleados, ajustados a la ley, caminan la ciudad en busca de un empleo, del sustento de su familia, de una oportunidad, a ellos no les llega la mano generosa del Estado, pero a los que entregan un armamento vejete o hechizo, reciben una donación en dinero. ¿Buen ejemplo, mal ejemplo? Quién lo sabe. ¿Desarmados o desalmados?

Por una Bogotá sin armas

Es un imperativo que los habitantes de Bogotá se desarmen, así se desprende de las múltiples y reiteradas convocatorias de la administración para que se renuncie a las armas con sinceridad y, de paso, que los ciudadanos depositen su confianza en las autoridades, que hacen grandes esfuerzos por ofrecer seguridad a todos. Llegar a esos niveles de convicción no es una tarea fácil, porque la realidad es diferente.

“El mundo está inundado de armas pequeñas y ligeras que suman casi 500 millones suficientes para tener un arma por cada 12 personas en la tierra. La mayoría de ellas es controlada por autoridades legales, pero cuando caen en manos de terrorista, criminales y fuerzas irregulares, las armas pequeñas traen devastación. Exacerban los conflictos, provocan flujos de refugiados, socavan el estado de derecho y engendran una cultura de violencia e impunidad. En pocas palabras, estas armas son una amenaza para la paz y el desarrollo, la democracia y los derechos humanos”, advirtió en 2001 el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan. Y desde entonces, nuevas y sofisticadas armas han entrado a los mercados lícito y negro.

El drama de las armas en poder de los ciudadanos es global, las diferencias radican en que unas sociedades hacen más efectivos los controles y los asociados tienen más acendrado el valor de la vida humana. Por sobre todas las cosas, saben que las armas de por sí no son malas, su utilización por parte de los individuos las hace peligrosas. “La responsabilidad es de los humanos, no de los objetos. El arma es un algo inanimado, que está arriba de un mueble y sola no mata a nadie. Se ataca a las armas porque dicen que fueron hechas para matar”, dijo a 24 Héctor Abbas, ex presidente y socio de la Asociación de Legítimos Usuarios y Tenedores de Armas de la República Argentina.

Las distintas caras del problema tienen defensores y críticos y cualquiera que sea la razón para armarse, al final, las consecuencias son devastadoras. Estudiosos, organismos de derechos humanos, gobiernos, iglesias de todos lados han sugerido fórmulas, pero la definitiva no existe. De qué vale el discurso persuasivo a los ciudadanos si los gobiernos invierten un alto porcentaje de sus presupuestos para comprar y privilegiar a sus portadores. Científicos, militares, académicos han sugerido caminos pero la historia no vislumbra un final feliz.

Propuestas de todo orden

Las salidas van desde la simple fórmula de desestimular la compra de armas, como en Uruguay, por ejemplo, hasta las propuestas del religioso y escritor persa Abdul Bahá de un desarme total de las naciones.

En Uruguay, al ciudadano interesado en adquirir un arma lo primero que hacen es persuadirlo de esa idea. "Es palpable el aumento de quienes nos preguntan qué arma comprar, pero nosotros cuestionamos el arma como defensa y promovemos la seguridad pasiva, es decir, aquellas medidas que podemos adoptar en la calle, en la casa, con el auto, sin llegar a armarnos", explica José Canziani del Club de Tiro de Paysandú, una de las comunidades que menos armas tiene en ese territorio.

En uno de sus mensajes al mundo, el escritor persa sugiere: "En cuanto a la cuestión del desarme, todas las naciones deben desarmarse al mismo tiempo. No servirá en absoluto (y no es lo que se propone) que algunas naciones abandonen sus armas, mientras que otras, sus vecinas, permanezcan armadas. La paz del mundo se tiene que establecer mediante el acuerdo internacional. Todas las naciones deben ponerse de acuerdo para desarmarse simultáneamente... Ninguna nación puede seguir una política de paz mientras que su país vecino siga siendo guerrero... No hay ninguna justicia en eso. Nadie soñaría con sugerir que se pudiera conseguir la paz del mundo mediante una línea de acción semejante. Se tiene que conseguir mediante un acuerdo global e internacional y de ninguna otra manera"...

Y va más allá: “Todos los Gobiernos del mundo deben transformar sus buques de guerra y maquinaria bélica en barcos mercantes. Pero ninguna nación puede comenzar por sí sola una política semejante, y sería una locura si una potencia intentara hacerlo... simplemente atraería la destrucción"...

Otros han avanzado

Intervenciones desde todos los rincones del mundo plantean una gran preocupación por la falta de resultados positivos en la dejación de las armas por parte de los civiles que las emplean para defenderse.

Antonio Rangel, psicólogo y periodista brasilero, quien por las responsabilidades que ha tenido en su país no es un caracterizado "pacifista". Instruyó al ejército de su país en armamentismo y fue allí donde comenzó a estudiar a fondo el problema de la criminalidad.

Ha participado en innumerables eventos donde se ha estudiado la relación entre la violencia y las armas.
Ante la angustia de los resultados, el periodista César Munhoz le preguntó: ¿Podría citar algunos ejemplos de políticas de desarme en el mundo que fueron acertadas?

“En Australia, desde la aprobación de la ley sobre el desarme, en 1996, la tasa de homicidios por arma de fuego cayó un 50%, de acuerdo con datos de 2003 proporcionados por el Australian Bureau os Staistics. El movimiento pro-armas habla de una "ola de criminalidad" en ese país, pero revela que el aumento es en asaltos cometidos con armas blancas.

En Inglaterra, las armas de fuego son usadas en sólo el 8% de los asesinatos, y esa es una de las razones por las cuales la tasa total de homicidios es tan baja. El aumento del número de delitos con armas entre los ingleses sólo ha ocurrido porque la ley no prohibió el uso de pistolas de aire comprimido, por ejemplo.En Japón, donde las armas son prohibidas, la tasa de homicidios es la más baja del mundo. En el 2002, llegaron a 0,03 por cada 100 mil habitantes, según la Organización Mundial de Salud”.

Hay esperanzas

Pronunciamientos de Naciones Unidas, Unión Europea, organizaciones de derechos humanos, grupos de países, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, ejércitos, policías, cuerpos armados, jueces, fiscales, representantes de distintas iglesias, voceros de la población civil claman por el desarme. El proceso es largo y lento pero prevalecen las tesis de que los ciudadanos del mundo deben abandonar las armas.

En 2008, el Papa Benedicto XVI envió un mensaje a los participantes en el seminario internacional “Desarme, desarrollo y paz para el desarme integral” en que les manifestó: “En el ámbito jurídico, los Estados están llamados a renovar su compromiso, de modo particular por el respeto de los tratados internacionales vigentes sobre el desarme y el control de todos los tipos de armas”.

(…)”es necesario esforzarse todo lo posible contra la proliferación de armas ligeras y de bajo calibre, que alimentan las guerras locales y la violencia urbana, y matan cada día a demasiadas personas en todo el mundo”.
La propuesta de desarme es una sola para el género humano, porque la devastación que producen las armas es igual para todos los pueblos, sin distingos.

Bogotá, entonces, tendrá que seducir con razones poderosas a su población civil para que entregue las armas y a los militares y policías para que se ganen la confianza de los ciudadanos y éstos les confíen su vida y sus bienes…

Paso a paso se llegará a la romántica propuesta de Abdul Bahá cuando invoca al mundo a cesar odios, intrigas y prejuicios raciales, eliminar la lucha religiosa y las barreras económicas. “La enorme energía disipada y derrochada en la guerra, ya sea económica o política, será consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnológico al aumento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro humano, a la explotación de los inusitados e insospechados recursos del planeta, a la prolongación de la vida humana y al fomento de cualquier otro agente que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de toda la raza humana”.

Algunos llamados han tenido eco. La tarea lentamente va dando frutos. La invitación a los habitantes de Bogotá a desarmarse, sugieren los conocedores del tema, hay que renovarla cada día, con un mensaje claro, reiterativo y convincente, acompañado por una verdadera protección del ciudadano.

 

 


 

 

 

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