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La
secretaria de Hábitat, Catalina
Velasco, responde
Tenemos una política de
vivienda, no de subsidios
Cada mes llegan a Bogotá mil
familias, es decir, 12 mil al año.
Esa dolorosa situación agrava el
déficit de vivienda en la capital
que ahora se apresta a combatirlo.
Familias que buscan donde guarecerse
se observan por todos lados, por los
edificios y despachos públicos ven
pasar filas y filas de personas que
llegan en pos de una ilusión: un
trabajo, un examen médico, un plato
de comida, una casa: muchos son los
que sueñan con una la tibieza de un
espacio para darles cobijo a los
suyos… Las cifras no mienten. El
déficit en Bogotá es de 307.000
viviendas. El Distrito, entonces,
toma la decisión política, amparado
en la Constitución Nacional, de
fortalecer la construcción de
vivienda para honrarle un derecho
fundamental a los que carecen de
ella. Luego de estudiar el problema
y de analizar las cifras la
administración anuncia para el
cuatrienio la edificación de 100.000
soluciones, 10.000 de las cuales se
ejecutarán en 2009 y las 90.000
restantes en lo que queda del
período. Por primera vez la ciudad
más importante de Colombia tiene una
política de vivienda, no de
subsidios, como bien lo explica y
aclara la Secretaria de Hábitat del
Distrito, Catalina Velasco.
En temas de hábitat, se necesitaba
una mujer que conociera en detalle
el problema, que su altísima dosis
de sensibilidad social entendiera el
desamparo de las familias pobres que
“pelotean” de inquilinato en
inquilinato, de rancho en rancho, y
que llevan en su corazón la
esperanza de poseer una casa.
Economista de la Universidad de los
Andes, experta en políticas
públicas, la responsable de Hábitat
se concentró en hacer bien la tarea.
Recientemente lanzó el plan de
vivienda, sustentado en cuatro
pilares y en un gigantesco corazón,
que no desconoce los |
problemas de la capital porque
para fortuna suya, conoce la ciudad
centímetro a centímetro, gracias a su paso
por la Secretaría de Planeación. El
entusiasmo le brota por los poros y la
convicción de poder alcanzar las metas se ha
convertido en una terquedad.
Tiene claro lo que le viene a la ciudad en
el corto plazo: hace renovación urbana o
Bogotá se desparrama y se hace inmanejable.
Desde su posesión comenzó el análisis,
estudio y definición de compromisos de su
despacho. Una vez conoció cada aspecto
vinieron las decisiones. El Distrito hará
100.000 viviendas, fundamentado en dos
componentes: la oferta, porque el sector de
la construcción es potente, responsable,
hace vivienda de calidad y tiene obstáculos
para producirlas. “Nuestra labor es de
regulación y control. Pero los constructores
enfrentan dos serias dificultades: no hay
suelo, lotes, para construir y los trámites
son dispendiosos, largos. Y del otro lado,
las familias pobres hay dos grandes
problemas: el cierre financiero, porque no
tienen plata y, dos, los trámites son tan
largos que las llevan al desestímulo.
¿A problemas? Soluciones. Sobre 4 pilares
avanzará la política de vivienda de Bogotá.
Y así la explica la funcionaria:
Primera mentira: sí hay suelo
1. El suelo. Qué pasa con el suelo. La
Secretaría de Hábitat observó la capital
metro a metro y concluyó: no es verdad. Hay
suelo disponible para 250.000 viviendas y
está en el norte, Bosa, Usme y en pedacitos
por toda la ciudad. Unos son para que los
construya una empresa y los lotes
familiares, que no necesitan plan parcial
sino gestión. Son los denominados lotes de
engorde, esos con letreros que dicen este no
se vende, no se alquila, no se arrienda.
Hábitat encontró en la ley 388 un articulito
que dice que la propiedad privada tiene una
función social, es decir, no se puede tener
un lote en la mitad de la ciudad esperando
que suba el precio o que por ahí pase una
vía, cuando la gente necesita vivienda.
Y es que de verdad hay un déficit serio. Hoy
es de 307.000 unidades. No significa ello
que 307.000 familias están en la calle sino
que están en ranchitos o en inquilinatos.
Eso que los técnicos llaman un déficit
cualitativo. Es mucha gente. Pero un censo
muestra 1.035 hectáreas, identificadas se
les dice a los propietarios tienen dos años
para desarrollarlas, si no lo hace la ciudad
tiene el derecho y la obligación de hacer
una subasta pública, que no es una
expropiación “porque no se le va a quitar
nada a nadie. Aquí la propiedad privada se
respeta, pero si no lo va a usar, subástelo
y quien lo compre tiene la obligación
inmediata de construir vivienda”.
“Esto generó una locura muy interesante,
porque la gente pidió: cómpremelo. Ya
empezamos a tener transacciones en lotes y
conozco casos en los que la gente dice si me
va a tocar subastarlo, mejor lo vendo rápido
y bien. Se comenzó a mover el suelo. Tenemos
dos años para lograrlo. Primera gran
mentira, entonces, que no hay suelo, sí hay
para 250.000 unidades, 120.000 en desarrollo
prioritario y el resto en grandes proyectos
que están en gestión.
La gran política es desatar el suelo, que la
gente pueda construir en lo que queda. Esta
etapa es importante porque si de verdad no
hay suelo tendríamos que irnos para Funza,
Soacha, Mosquera, La Calera, Chía, Cota y
construir ahí. ¿Cuál es el gran problema? Si
una ciudad se expande no tiene
sostenibilidad y Bogotá no puede seguir
creciendo. Terminamos como Cuidad de
México”.
De no construir en el suelo que hay dentro
de la ciudad, habría que hacerlo al otro
lado del Río Bogotá y eso sería gravísimo.
Por eso la política en gestión de suelo
tiene un componente de POT para que no se
desparrame. 250.000 soluciones podrán darse
en ocho años: este gobierno y el próximo y
después vendrá la renovación urbana. No hay
otra manera. En el mediano plazo hay que
desarrollar planes de renovación. Es
insostenible que la ciudad siga creciendo:
los viajes de ida y vuelta, las redes de
acueducto y alcantarillado, la
infraestructura, todo. No se puede tener una
más grande, insiste la secretaria de
Hábitat, Catalina Velasco. Y con orgullo
asegura que la actual política del Distrito
es diferente.
Un camino al desestímulo
2. La dificultad de los trámites. Una
empresa, cualquiera, que quiera hacer un
proyecto de vivienda se demora 19 meses en
conseguir una licencia de construcción.
“Esto es una cosa de locos”, dice con razón
la responsable de solucionar parte del
déficit de vivienda en la capital.
La dependencia a su cargo trabaja en dos
frentes: el programa de trámite fácil. Son
65 trámites en 19 entidades que hacen
imposible sacar adelante un proyecto.
Encontraron, por ejemplo, que se pide 30
veces la cédula a la persona. “Nuestra meta
es reducir en un 40 por ciento este tiempo
pero hay señales positivas. En Lima, que
tenían 18 meses, llegaron a un mes. Si este
gobierno lo deja en seis el asunto es
manejable. Y el otro programa se llama mesa
de solución. Las entidades del D.C. que
toman decisiones en relación con los
trámites de construcción, unos 6.500
funcionarios, cada uno piensa y pide una
cosa diferente, nos sentamos a mirar cada
caso y la filosofía es clara: se sientan y
no se paran hasta que lo resuelvan y han
sido impresionantes las discusiones, pero
también las soluciones”.
Hoy, las cajas de compensación familiar,
explica la secretaria de Hábitat, tienen
asignados, sin ejecutar, 500 mil millones de
pesos, depositados en los bancos. Mientras
tanto, la gente piensa que va a tener casa.
A los responsables de aplicar la política
distrital les corresponde decirle a la
gente: esta vez el asunto será al revés:
primero ahorro y al final se desembolsa el
subsidio. Arrancan con lo que han hecho el
esfuerzo. Como lo expresa la funcionaria, en
pocos días hubo 30.500 inscripciones, suma
que nunca imaginaron. Hay felicidad por la
respuesta de la gente. Luego habrá que ver
cuántos de los inscritos cumplen con los
requisitos. “Para todo el gobierno tenemos
40.000 subsidios, 10.000 en 2009, es decir,
325.000 millones de pesos, algo nunca antes
visto en Bogotá. Es un avance”.

Catalina Velasco está segura de que el
déficit de vivienda no se resuelve en la
administración Moreno Rojas, pero tiene la
certeza de que marca una pauta
importantísima que si la siguen los próximos
gobiernos, en 12 años la ciudad se pone al
día en temas de vivienda como lo hizo en
educación. Con entusiasmo afirma: todos los
colegios están recuperados. “Arrancamos una
política de ciudad, de Estado, de largo
plazo, en temas de vivienda”.
Y para que a los interesados no los abrace
el desestímulo, en Hábitat se ingeniaron el
seguimiento por parte de un padrino, un
funcionario de esa dependencia hace el
análisis de la situación de un aspirante a
vivienda, lo motiva a ahorrar y le hace un
acompañamiento real. “Es una política nueva,
pionera. No tengo duda de que va a funcionar
y los resultados serán extraordinarios”.
¿Quién no tiene casa?
307.000 familias necesitan vivienda, ese es
el hecho objetivo. Bogotá es una urbe
interesante. Es la ciudad latinoamericana
que entre 1950 y hoy se construyó de manera
informal. Hoy cuenta con 3.000 barrios y, de
ellos, 1.600 son de origen informal. Tras la
invasión, la gente compra ladrillos, pone la
plancha, la pared, las mangueras de agua y
las telarañas de la energía. “Si no aparecen
nuevos asentamientos, al final de este
gobierno quedarán legalizados todos los
barrios de la ciudad.
El reto es grande porque hay cientos de
personas buscando dónde levantar su
vivienda, porque para una familia la casa es
su vida. En Bogotá hay 4.500 en riesgo no
mitigable, es decir, su lugar de habitación
se les va a inundar o a caer. A la
administración le corresponde decirles se
van, se reasientan en un lugar transitorio y
posteriormente se les asigna un hogar digno
y seguro.
Para evitar que quienes llegan nuevos a la
ciudad se asienten en terrenos con dueño o
inestables, se adelanta un monitoreo de
3.000 hectáreas, eso evita males mayores en
el futuro.
A los habitantes de la capital no se les
puede olvidar que cada mes llegan 1.000
familias desplazadas, lo que significa un
crecimiento forzado de la población en
12.000 nuevos moradores al año y vienen a
buscar la comida en las canecas de basura.
Frente a esa situación, Catalina Velasco
dice que la gente protesta porque hay
suciedad en las calles, pero no se da cuenta
que cientos de personas deambulan por las
calles buscando alimentos en las bolsas de
desperdicios que sacan de las casas y los
negocios.
Lo mínimo a que se aspira
¿Qué es una vivienda digna? ¿Lo mínimo que
una familia espera?
“Hay dos respuestas. Si uno mira lo que
tiene la gente, cualquier cosa es ganancia.
Hemos visto situaciones extremas. Hay
quienes nos dicen no las haga de 24
millones, hágalas de 12, no de 40 metros
sino de 20, con un baño, una cocina y ya.
Como lo manda la Constitución, y con base en
los cánones internacionales, definimos qué
es una vivienda digna. Dadas las condiciones
nuestras, no es fácil que una familia tenga
casa porque Bogotá no es una ciudad de
casas, sino de apartamentos. Muchos quieren
casa para la alberca, el perro, para guardar
material reciclado. El que quiera casa, que
se vaya para Casanare, porque en Bogotá ya
no hay. Apartamento con espacio público,
transporte, seguridad.
Cuarenta y dos metros cuadrados es lo mínimo
para una familia bogotana, con una cocina,
un baño, tres habitaciones y un salón
comedor, menos es imposible. Allí entra a
jugar el costo. La ley dice que la Vivienda
de Interés Prioritario está entre 50 y 70
salarios mínimos, es decir, de 24 a 32
millones de pesos y la VIS entre 32 y 63
millones de pesos. Fue un debate duro con el
gobierno nacional. Démosle hasta 32. Y 24 es
posible si el precio del suelo se maneja, es
decir, subsidiarlo para que no haya
especulación. Es preferible una vivienda de
desarrollo progresivo para que la gente
invierta, enchape y mejore”
Renovación o desparrame
Crecimiento en altura es la alternativa. La
gente mayor, la que ha vivido mucho tiempo
en Bogotá, las familias pequeñas, no tiene
problema con irse a los apartamentos. En los
barrios pobres la sala es la calle. En el
centro de Bogotá, de día, hay 1.300.000
personas, estudiantes, burócratas y
comerciantes. Y en la noche 300.000,
antiguos moradores de inquilinatos y de
viejas casonas. Hay 700 hectáreas que pueden
ser renovadas.
“O renovamos o nos desparramamos, no hay más
opción en el mediano plazo. El reto del
centro es construir vivienda VIS. Hoy la
discusión es conceptual pero pensando en que
antes que crecer tenemos que volcarnos a los
espacios de los que dispone la capital.
La discusión mundial es frente a dos
aspectos: regeneración o renovación. |
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| El actual
déficit es de 307 mil, con la nueva política de
vivienda la administración Moreno Rojas
construirá 100 mil en cuatrienio. Si se sostiene
por 12 años cabremos todos dignamente. |
| El gran reto es
no desparramarse. Hay que usar la tierra
existente en la ciudad en proyectos de
renovación urbana. Si se expande no tiene
sostenibilidad. Terminamos como Cuidad de
México. |
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Su opinión sobre este
artículo: |
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Un
calvario de casi tres años
| Una familia se
gana un salario mínimo y quiere una vivienda de
interés social. Se demora casi tres años en
trámites (822 días) y surgen dos problemas: el
cierre financiero. Una casa, la más barata, vale
24 millones y los subsidios son de 12 millones.
Viene la persona hace fila, le dan subsidio y
ella dice me gané la lotería, mi casita, la
felicidad y tiene un papel que dice 12 millones
de pesos. ¿Y cómo consigue los otros 12
millones? Nunca. Se le vence el subsidio, se lo
renuevan, el show de la renovación, pasa el
tiempo y se le vence y dice: ¡ya no más!
“Nosotros volteamos la película. El subsidio
debe ser el final y no el comienzo de la
película, porque para tener cierre financiero
debe haber un ahorro porque la plata gratis y
las pirámides no dan aquí ni en ninguna parte,
el que no ahorra se… j. Todos tenemos que
ahorrar en la medida de nuestras capacidades.
Hoy, por ejemplo, el FNA abre cuentas de ahorro
programado y desde 11.000 pesos mensuales y, al
final del año, ve los resultados. Nadie puede
comprar una casa de contado. Con cuotas fijas,
en pesos, dan el crédito. Cuando una familia
demuestra que es pobre y ha hecho este avance,
le doy el subsidio y así tengo una política de
vivienda y no de subsidios”. |
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