Bogotá D.C.,  agosto de 2009

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La secretaria de Hábitat, Catalina Velasco, responde
Tenemos una política de
vivienda, no de subsidios
Cada mes llegan a Bogotá mil familias, es decir, 12 mil al año. Esa dolorosa situación agrava el déficit de vivienda en la capital que ahora se apresta a combatirlo.

Familias que buscan donde guarecerse se observan por todos lados, por los edificios y despachos públicos ven pasar filas y filas de personas que llegan en pos de una ilusión: un trabajo, un examen médico, un plato de comida, una casa: muchos son los que sueñan con una la tibieza de un espacio para darles cobijo a los suyos… Las cifras no mienten. El déficit en Bogotá es de 307.000 viviendas. El Distrito, entonces, toma la decisión política, amparado en la Constitución Nacional, de fortalecer la construcción de vivienda para honrarle un derecho fundamental a los que carecen de ella. Luego de estudiar el problema y de analizar las cifras la administración anuncia para el cuatrienio la edificación de 100.000 soluciones, 10.000 de las cuales se ejecutarán en 2009 y las 90.000 restantes en lo que queda del período. Por primera vez la ciudad más importante de Colombia tiene una política de vivienda, no de subsidios, como bien lo explica y aclara la Secretaria de Hábitat del Distrito, Catalina Velasco.
En temas de hábitat, se necesitaba una mujer que conociera en detalle el problema, que su altísima dosis de sensibilidad social entendiera el desamparo de las familias pobres que “pelotean” de inquilinato en inquilinato, de rancho en rancho, y que llevan en su corazón la esperanza de poseer una casa.
Economista de la Universidad de los Andes, experta en políticas públicas, la responsable de Hábitat se concentró en hacer bien la tarea. Recientemente lanzó el plan de vivienda, sustentado en cuatro pilares y en un gigantesco corazón, que no desconoce los

 problemas de la capital porque para fortuna suya, conoce la ciudad centímetro a centímetro, gracias a su paso por la Secretaría de Planeación. El entusiasmo le brota por los poros y la convicción de poder alcanzar las metas se ha convertido en una terquedad.
Tiene claro lo que le viene a la ciudad en el corto plazo: hace renovación urbana o Bogotá se desparrama y se hace inmanejable.
Desde su posesión comenzó el análisis, estudio y definición de compromisos de su despacho. Una vez conoció cada aspecto vinieron las decisiones. El Distrito hará 100.000 viviendas, fundamentado en dos componentes: la oferta, porque el sector de la construcción es potente, responsable, hace vivienda de calidad y tiene obstáculos para producirlas. “Nuestra labor es de regulación y control. Pero los constructores enfrentan dos serias dificultades: no hay suelo, lotes, para construir y los trámites son dispendiosos, largos. Y del otro lado, las familias pobres hay dos grandes problemas: el cierre financiero, porque no tienen plata y, dos, los trámites son tan largos que las llevan al desestímulo.
¿A problemas? Soluciones. Sobre 4 pilares avanzará la política de vivienda de Bogotá. Y así la explica la funcionaria:

Primera mentira: sí hay suelo
1. El suelo. Qué pasa con el suelo. La Secretaría de Hábitat observó la capital metro a metro y concluyó: no es verdad. Hay suelo disponible para 250.000 viviendas y está en el norte, Bosa, Usme y en pedacitos por toda la ciudad. Unos son para que los construya una empresa y los lotes familiares, que no necesitan plan parcial sino gestión. Son los denominados lotes de engorde, esos con letreros que dicen este no se vende, no se alquila, no se arrienda. Hábitat encontró en la ley 388 un articulito que dice que la propiedad privada tiene una función social, es decir, no se puede tener un lote en la mitad de la ciudad esperando que suba el precio o que por ahí pase una vía, cuando la gente necesita vivienda.
Y es que de verdad hay un déficit serio. Hoy es de 307.000 unidades. No significa ello que 307.000 familias están en la calle sino que están en ranchitos o en inquilinatos. Eso que los técnicos llaman un déficit cualitativo. Es mucha gente. Pero un censo muestra 1.035 hectáreas, identificadas se les dice a los propietarios tienen dos años para desarrollarlas, si no lo hace la ciudad tiene el derecho y la obligación de hacer una subasta pública, que no es una expropiación “porque no se le va a quitar nada a nadie. Aquí la propiedad privada se respeta, pero si no lo va a usar, subástelo y quien lo compre tiene la obligación inmediata de construir vivienda”.
“Esto generó una locura muy interesante, porque la gente pidió: cómpremelo. Ya empezamos a tener transacciones en lotes y conozco casos en los que la gente dice si me va a tocar subastarlo, mejor lo vendo rápido y bien. Se comenzó a mover el suelo. Tenemos dos años para lograrlo. Primera gran mentira, entonces, que no hay suelo, sí hay para 250.000 unidades, 120.000 en desarrollo prioritario y el resto en grandes proyectos que están en gestión.
La gran política es desatar el suelo, que la gente pueda construir en lo que queda. Esta etapa es importante porque si de verdad no hay suelo tendríamos que irnos para Funza, Soacha, Mosquera, La Calera, Chía, Cota y construir ahí. ¿Cuál es el gran problema? Si una ciudad se expande no tiene sostenibilidad y Bogotá no puede seguir creciendo. Terminamos como Cuidad de México”.
De no construir en el suelo que hay dentro de la ciudad, habría que hacerlo al otro lado del Río Bogotá y eso sería gravísimo. Por eso la política en gestión de suelo tiene un componente de POT para que no se desparrame. 250.000 soluciones podrán darse en ocho años: este gobierno y el próximo y después vendrá la renovación urbana. No hay otra manera. En el mediano plazo hay que desarrollar planes de renovación. Es insostenible que la ciudad siga creciendo: los viajes de ida y vuelta, las redes de acueducto y alcantarillado, la infraestructura, todo. No se puede tener una más grande, insiste la secretaria de Hábitat, Catalina Velasco. Y con orgullo asegura que la actual política del Distrito es diferente.

Un camino al desestímulo
2. La dificultad de los trámites. Una empresa, cualquiera, que quiera hacer un proyecto de vivienda se demora 19 meses en conseguir una licencia de construcción. “Esto es una cosa de locos”, dice con razón la responsable de solucionar parte del déficit de vivienda en la capital.
La dependencia a su cargo trabaja en dos frentes: el programa de trámite fácil. Son 65 trámites en 19 entidades que hacen imposible sacar adelante un proyecto. Encontraron, por ejemplo, que se pide 30 veces la cédula a la persona. “Nuestra meta es reducir en un 40 por ciento este tiempo pero hay señales positivas. En Lima, que tenían 18 meses, llegaron a un mes. Si este gobierno lo deja en seis el asunto es manejable. Y el otro programa se llama mesa de solución. Las entidades del D.C. que toman decisiones en relación con los trámites de construcción, unos 6.500 funcionarios, cada uno piensa y pide una cosa diferente, nos sentamos a mirar cada caso y la filosofía es clara: se sientan y no se paran hasta que lo resuelvan y han sido impresionantes las discusiones, pero también las soluciones”.
Hoy, las cajas de compensación familiar, explica la secretaria de Hábitat, tienen asignados, sin ejecutar, 500 mil millones de pesos, depositados en los bancos. Mientras tanto, la gente piensa que va a tener casa. A los responsables de aplicar la política distrital les corresponde decirle a la gente: esta vez el asunto será al revés: primero ahorro y al final se desembolsa el subsidio. Arrancan con lo que han hecho el esfuerzo. Como lo expresa la funcionaria, en pocos días hubo 30.500 inscripciones, suma que nunca imaginaron. Hay felicidad por la respuesta de la gente. Luego habrá que ver cuántos de los inscritos cumplen con los requisitos. “Para todo el gobierno tenemos 40.000 subsidios, 10.000 en 2009, es decir, 325.000 millones de pesos, algo nunca antes visto en Bogotá. Es un avance”.

Catalina Velasco está segura de que el déficit de vivienda no se resuelve en la administración Moreno Rojas, pero tiene la certeza de que marca una pauta importantísima que si la siguen los próximos gobiernos, en 12 años la ciudad se pone al día en temas de vivienda como lo hizo en educación. Con entusiasmo afirma: todos los colegios están recuperados. “Arrancamos una política de ciudad, de Estado, de largo plazo, en temas de vivienda”.
Y para que a los interesados no los abrace el desestímulo, en Hábitat se ingeniaron el seguimiento por parte de un padrino, un funcionario de esa dependencia hace el análisis de la situación de un aspirante a vivienda, lo motiva a ahorrar y le hace un acompañamiento real. “Es una política nueva, pionera. No tengo duda de que va a funcionar y los resultados serán extraordinarios”.

¿Quién no tiene casa?
307.000 familias necesitan vivienda, ese es el hecho objetivo. Bogotá es una urbe interesante. Es la ciudad latinoamericana que entre 1950 y hoy se construyó de manera informal. Hoy cuenta con 3.000 barrios y, de ellos, 1.600 son de origen informal. Tras la invasión, la gente compra ladrillos, pone la plancha, la pared, las mangueras de agua y las telarañas de la energía. “Si no aparecen nuevos asentamientos, al final de este gobierno quedarán legalizados todos los barrios de la ciudad.
El reto es grande porque hay cientos de personas buscando dónde levantar su vivienda, porque para una familia la casa es su vida. En Bogotá hay 4.500 en riesgo no mitigable, es decir, su lugar de habitación se les va a inundar o a caer. A la administración le corresponde decirles se van, se reasientan en un lugar transitorio y posteriormente se les asigna un hogar digno y seguro.
Para evitar que quienes llegan nuevos a la ciudad se asienten en terrenos con dueño o inestables, se adelanta un monitoreo de 3.000 hectáreas, eso evita males mayores en el futuro.
A los habitantes de la capital no se les puede olvidar que cada mes llegan 1.000 familias desplazadas, lo que significa un crecimiento forzado de la población en 12.000 nuevos moradores al año y vienen a buscar la comida en las canecas de basura. Frente a esa situación, Catalina Velasco dice que la gente protesta porque hay suciedad en las calles, pero no se da cuenta que cientos de personas deambulan por las calles buscando alimentos en las bolsas de desperdicios que sacan de las casas y los negocios.

Lo mínimo a que se aspira
¿Qué es una vivienda digna? ¿Lo mínimo que una familia espera?
“Hay dos respuestas. Si uno mira lo que tiene la gente, cualquier cosa es ganancia. Hemos visto situaciones extremas. Hay quienes nos dicen no las haga de 24 millones, hágalas de 12, no de 40 metros sino de 20, con un baño, una cocina y ya. Como lo manda la Constitución, y con base en los cánones internacionales, definimos qué es una vivienda digna. Dadas las condiciones nuestras, no es fácil que una familia tenga casa porque Bogotá no es una ciudad de casas, sino de apartamentos. Muchos quieren casa para la alberca, el perro, para guardar material reciclado. El que quiera casa, que se vaya para Casanare, porque en Bogotá ya no hay. Apartamento con espacio público, transporte, seguridad.
Cuarenta y dos metros cuadrados es lo mínimo para una familia bogotana, con una cocina, un baño, tres habitaciones y un salón comedor, menos es imposible. Allí entra a jugar el costo. La ley dice que la Vivienda de Interés Prioritario está entre 50 y 70 salarios mínimos, es decir, de 24 a 32 millones de pesos y la VIS entre 32 y 63 millones de pesos. Fue un debate duro con el gobierno nacional. Démosle hasta 32. Y 24 es posible si el precio del suelo se maneja, es decir, subsidiarlo para que no haya especulación. Es preferible una vivienda de desarrollo progresivo para que la gente invierta, enchape y mejore”

Renovación o desparrame
Crecimiento en altura es la alternativa. La gente mayor, la que ha vivido mucho tiempo en Bogotá, las familias pequeñas, no tiene problema con irse a los apartamentos. En los barrios pobres la sala es la calle. En el centro de Bogotá, de día, hay 1.300.000 personas, estudiantes, burócratas y comerciantes. Y en la noche 300.000, antiguos moradores de inquilinatos y de viejas casonas. Hay 700 hectáreas que pueden ser renovadas.
“O renovamos o nos desparramamos, no hay más opción en el mediano plazo. El reto del centro es construir vivienda VIS. Hoy la discusión es conceptual pero pensando en que antes que crecer tenemos que volcarnos a los espacios de los que dispone la capital.
La discusión mundial es frente a dos aspectos: regeneración o renovación.


 


 

El actual déficit es de 307 mil, con la nueva política de vivienda la administración Moreno Rojas construirá 100 mil en cuatrienio. Si se sostiene por 12 años cabremos todos dignamente.
 

 
El gran reto es no desparramarse. Hay que usar la tierra existente en la ciudad en proyectos de renovación urbana. Si se expande no tiene sostenibilidad. Terminamos como Cuidad de México.

 

 

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Un calvario de casi tres años

Una familia se gana un salario mínimo y quiere una vivienda de interés social. Se demora casi tres años en trámites (822 días) y surgen dos problemas: el cierre financiero. Una casa, la más barata, vale 24 millones y los subsidios son de 12 millones. Viene la persona hace fila, le dan subsidio y ella dice me gané la lotería, mi casita, la felicidad y tiene un papel que dice 12 millones de pesos. ¿Y cómo consigue los otros 12 millones? Nunca. Se le vence el subsidio, se lo renuevan, el show de la renovación, pasa el tiempo y se le vence y dice: ¡ya no más! “Nosotros volteamos la película. El subsidio debe ser el final y no el comienzo de la película, porque para tener cierre financiero debe haber un ahorro porque la plata gratis y las pirámides no dan aquí ni en ninguna parte, el que no ahorra se… j. Todos tenemos que ahorrar en la medida de nuestras capacidades. Hoy, por ejemplo, el FNA abre cuentas de ahorro programado y desde 11.000 pesos mensuales y, al final del año, ve los resultados. Nadie puede comprar una casa de contado. Con cuotas fijas, en pesos, dan el crédito. Cuando una familia demuestra que es pobre y ha hecho este avance, le doy el subsidio y así tengo una política de vivienda y no de subsidios”.
 

 

 


 

 


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