Bogotá D.C.,  agosto de 2009

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 ¡A subirle el voltaje a la ética!

Por Lucía Teresa Solano

Tambalean en Colombia los principios, los valores, la confidencialidad y, lo más grave, se desdibuja la ética en asuntos esenciales para el progreso y el florecimiento de una sociedad que, como la nuestra, merece mejor suerte. No hay día en que no sepamos hechos que nos acercan cada vez más a las comunidades tribales y no a aquellas naciones que incluyen la felicidad en el PIB.

Nuestro destino parece estar fundamentado en la violencia - gestual, verbal y bárbara -que arrebata vidas y abona la tierra con desesperanza-, en la desigualdad, la falta de oportunidades y el reparto de los privilegios entre unos pocos. Pensar en tribunales de ética para calificar comportamientos, conductas y prácticas de alguna naturaleza es un exabrupto y no una garantía para alguien. ¿Cómo creer?

Poco a poco, a los colombianos se nos muere la alegría, se nos apaga la fe en nuestros semejantes –porque las reglas de juego están marcadas desde antes de divulgarse- y se nos reduce el entusiasmo para lanzarnos a poner en marcha proyectos, ideas, ilusiones, sueños, porque el camino está cubierto de espinas y el juego limpio dejó de serlo.

Hace poco, los emprendedores de un proyecto de ciudad fueron de puerta en puerta, visitaron a muchas personas con poder y dinero para pedirles que miraran con objetividad su propuesta, que estudiaran la posibilidad de apoyarla y que establecieran unas reglas de cooperación mutua donde se respetara la independencia de las partes. Sobre la mesa quedaron al descubierto asuntos que llaman a reflexionar acerca de los principios éticos que rigen a otros oficios y profesiones que, la verdad, disfrutan de cierta impunidad. Por fortuna son una minoría, pero las cabezas lo tienen que saber. 

Lo primero que les llamó la atención a los noveles emprendedores es que los recursos del Estado y de la empresa privada, destinados para ciertos fines, son propiedad de quienes tienen la obligación de administrarlos con decoro y no de todos los ciudadanos y de los accionistas y dueños de las empresas. “Mis recursos, los recortaron”. “Mi plata ya la tengo comprometida”.   

Lo segundo, tienen algunos de estos personajes unas agendas más complejas que las de sus superiores y resulta imposible alcanzarlos porque están muy ocupados, como si el resto de los mortales se dedicara a jugar. Hay quienes pueden recibirlos a finales de julio. Complicado el asunto para quienes no cuentan con palancas habilitadas para derribar esos muros de burócratas, que no sólo están en el sector público. Y lo poco que se sabe de estas prácticas en las altas esferas es porque algunos de esos personajes responden. Otros no tienen la fineza, la cortesía, la educación de contestar mensajes y llamadas, comportamiento que deberían sancionar las organizaciones. La calidad humana debe ser inherente a la categoría de las organizaciones. Además, los buenos modales no han proscrito. Todas las personas merecen atención y más si son clientes y adquieren sus productos y servicios.  

Lo tercero, cuando se logra pasar la puerta, hay que hacer otro trámite con asesores y administradores externos que sugieren y exigen descuentos y dádivas por anticipado. “Si me regala”… “¿Por qué no muestra su voluntad de hacer negocio dándonos primero”… Déme una pruebita de calidad y adiós, porque yo ya quedé bien Y el empresario, que aún no gana los primeros pesos, dedica su capital inicial a satisfacer caprichos. No tiene derecho a reaccionar porque desata una extraña ola de susceptibilidades, malentendidos y suspicacias en su contra. 

No todos los personajes son iguales. Hay unos de gran profesionalismo, pero los acosan los lunares. Estos emprendedores, por ejemplo, pidieron cita a un “examinador” o asesor externo. Dos días antes del encuentro, lo cancelan porque el cliente anticipa sus planes. Todo queda para después, tampoco se sabe cuándo… Días más tarde el vocero empresarial llama a los soñadores amigos a informarles que no habrá negociación porque la calificación recibida obliga a esperar. ¿Cómo se califica un proyecto sin verlo? ¿Con base en qué toman la decisión?  ¿Por qué perjudicar a alguien que está haciendo las cosas bien? ¿Cómo quedarse tranquilos ante semejante conducta? ¿Cómo confiar ciegamente en alguien que le hace el quite a los principios éticos que rigen su quehacer?        

Es cierto que cada quien negocia con quien quiere o le da la gana, sobre todo cuando la plata le pertenece, pero se están cometiendo abusos.   

Y hay más… para otro capítulo. Por ahora, lo único claro es que esta muerte de la confidencial y este adormecimiento de los principios llaman a aumentar el voltaje a la ética, antes de caer al precipicio. Informemos pero sin manosearnos. 

Alcalde, cuatro preguntas:
¿Sabe Usted lo que ocurre en su casa, donde se imponen vetos y se cierran puertas en su nombre?

¿Delegó Usted la capacidad de veto en colaboradores, compañeros, subalternos y porteros?

¿Entregó Usted a sus voceros e intérpretes las llaves de las distintas dependencias distritales para que ellos definan quién entra y quién no?

¿Sabe Usted que las citas con sus colaboradores tardan hasta siete meses en concederse? 

 

 


 

 

 

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