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Nuestro destino parece estar
fundamentado en la violencia - gestual,
verbal y bárbara -que arrebata vidas y abona
la tierra con desesperanza-, en la
desigualdad, la falta de oportunidades y el
reparto de los privilegios entre unos pocos.
Pensar en tribunales de ética para calificar
comportamientos, conductas y prácticas de
alguna naturaleza es un exabrupto y no una
garantía para alguien. ¿Cómo creer?
Poco a poco, a los
colombianos se nos muere la alegría, se nos
apaga la fe en nuestros semejantes –porque
las reglas de juego están marcadas desde
antes de divulgarse- y se nos reduce el
entusiasmo para lanzarnos a poner en marcha
proyectos, ideas, ilusiones, sueños, porque
el camino está cubierto de espinas y el
juego limpio dejó de serlo.
Hace poco, los
emprendedores de un proyecto de ciudad
fueron de puerta en puerta, visitaron a
muchas personas con poder y dinero para
pedirles que miraran con objetividad su
propuesta, que estudiaran la posibilidad de
apoyarla y que establecieran unas reglas de
cooperación mutua donde se respetara la
independencia de las partes. Sobre la mesa
quedaron al descubierto asuntos que llaman a
reflexionar acerca de los principios éticos
que rigen a otros oficios y profesiones que,
la verdad, disfrutan de cierta impunidad.
Por fortuna son una minoría, pero las
cabezas lo tienen que saber.
Lo primero que les llamó
la atención a los noveles emprendedores es
que los recursos del Estado y de la empresa
privada, destinados para ciertos fines, son
propiedad de quienes tienen la obligación de
administrarlos con decoro y no de todos los
ciudadanos y de los accionistas y dueños de
las empresas. “Mis recursos, los
recortaron”. “Mi plata ya la tengo
comprometida”.
Lo segundo, tienen algunos
de estos personajes unas agendas más
complejas que las de sus superiores y
resulta imposible alcanzarlos porque están
muy ocupados, como si el resto de los
mortales se dedicara a jugar. Hay quienes
pueden recibirlos a finales de julio.
Complicado el asunto para quienes no cuentan
con palancas habilitadas para derribar esos
muros de burócratas, que no sólo están en el
sector público. Y lo poco que se sabe de
estas prácticas en las altas esferas es
porque algunos de esos personajes responden.
Otros no tienen la fineza, la cortesía, la
educación de contestar mensajes y llamadas,
comportamiento que deberían sancionar las
organizaciones. La calidad humana debe ser
inherente a la categoría de las
organizaciones. Además, los buenos modales
no han proscrito. Todas las personas merecen
atención y más si son clientes y adquieren
sus productos y servicios.
Lo tercero, cuando se
logra pasar la puerta, hay que hacer otro
trámite con asesores y administradores
externos que sugieren y exigen descuentos y
dádivas por anticipado. “Si me regala”…
“¿Por qué no muestra su voluntad de hacer
negocio dándonos primero”… Déme una pruebita
de calidad y adiós, porque yo ya quedé bien
Y el empresario, que aún no gana los
primeros pesos, dedica su capital inicial a
satisfacer caprichos. No tiene derecho a
reaccionar porque desata una extraña ola de
susceptibilidades, malentendidos y
suspicacias en su contra.
No todos los personajes
son iguales. Hay unos de gran
profesionalismo, pero los acosan los
lunares. Estos emprendedores, por ejemplo,
pidieron cita a un “examinador” o asesor
externo. Dos días antes del encuentro, lo
cancelan porque el cliente anticipa sus
planes. Todo queda para después, tampoco se
sabe cuándo… Días más tarde el vocero
empresarial llama a los soñadores amigos a
informarles que no habrá negociación porque
la calificación recibida obliga a esperar.
¿Cómo se califica un proyecto sin verlo?
¿Con base en qué toman la decisión? ¿Por
qué perjudicar a alguien que está haciendo
las cosas bien? ¿Cómo quedarse tranquilos
ante semejante conducta? ¿Cómo confiar
ciegamente en alguien que le hace el quite a
los principios éticos que rigen su
quehacer?
Es cierto que cada quien
negocia con quien quiere o le da la gana,
sobre todo cuando la plata le pertenece,
pero se están cometiendo abusos.
Y hay más… para otro
capítulo. Por ahora, lo único claro es que
esta muerte de la confidencial y este
adormecimiento de los principios llaman a
aumentar el voltaje a la ética, antes de
caer al precipicio. Informemos pero sin
manosearnos.
Alcalde, cuatro
preguntas:
¿Sabe Usted lo que ocurre en su casa, donde
se imponen vetos y se cierran puertas en su
nombre?
¿Delegó Usted la capacidad
de veto en colaboradores, compañeros,
subalternos y porteros?
¿Entregó Usted a sus
voceros e intérpretes las llaves de las
distintas dependencias distritales para que
ellos definan quién entra y quién no?
¿Sabe Usted que las citas
con sus colaboradores tardan hasta siete
meses en concederse? |